Y tu voz en mi costado…

Javier canta en Madrid y, al mismo tiempo, sale de su refugio en una playita de Cádiz y saluda a unos vecinos.

“Nos ocupamos del mar y tenemos dividida la tarea:
ella cuida de las olas, yo vigilo la marea”

Sigue la canción y en Madriz la gente sonríe, aplaude, escucha, canta, disfruta.

“También cuidamos la tierra y también con el trabajo dividido:
yo troncos, frutos y flores, ella riega lo escondido”

Ríen los que le escuchan y también ríen sus amigos: Wyoming, Luis Tosar, Forges, Fernando Sabater, Moncho Alpuente, Alejandro Sanz, Juan Tamarit, Andreas Prittwitz… ¿Quién no ríe con Javier aunque él finja estar serio? ¿Acaso hay alguien capaz de aguantar la risa y no mover una ceja mientras escucha a este genio de la ironía, de la crítica al poder, del humor inteligente, de la erudición sin engolamiento, de la cultura sin pedantería? Cuando se pone divertido, te hace reír a carcajadas; cuando se pone tierno, como ahora, te hace sonreír feliz…

La gente sigue disfrutando en la sala Galileo mientras Javier sigue cantando.

“Todas las cosas tratamos, cada uno según es nuestro talante:
yo lo que tiene importancia, ella todo lo importante”

Muy lejos de allí, magia, Javier camina hasta la orillita del mar. Se desnuda y deja que el salitre del agua y el viento besen su cuerpo pellejoso, huesudo, quijotesco, gastado por los años y por la mala vida.

“Es cansado, por eso al llegar la noche
ella descansa a mi lado
y mi voz en su costado”

Mientras, en la sala Galileo Galilei de Madrid, termina la canción, la gente aplaude  y Javier grita “¡Salud!”. Y dos jóvenes se miran, sonríen y se besan. Javier nos hizo reír, pero también nos hizo besarnos. La risa y los besos: Javier nos animó a disfrutar de dos de las cosas más importantes de la vida. También de la ternura. Él, del que siempre se destaca su ironía, también nos dejó la ternura en canciones como “Nos ocupamos del mar”.

Y entonces, cuando en Madrid se apagan los ecos de los aplausos, Javier vuelve a la playa y solo, desnudo, diminuto ante la inmensidad del océano, salta las olas y se adentra en el mar.

El fragmento que acabo de describir pertenece al documental “Esta no es la vida privada de Javier Krahe” y hoy, en el día de su muerte, se me antoja una preciosa metáfora de su vida. Os dejo el video al final de este texto.

Gracias, Javier. Y déjame que hoy te parafrasee y te diga que “tu muerte no me llena de tristeza porque las flores que saldrán por tu cabeza algo darán de aroma”. De aroma y de muchas cosas buenas. Hasta siempre, Javier. O mejor, como dice Forges, hasta luego, tronco.

PD Si queréis saber algo más de este personaje irrepetible, os dejo aquí un texto que escribí hace un par de años en este blog.

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forges krahe

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6 thoughts on “Y tu voz en mi costado…

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