Tierna Manuela

Cuenta la Historia que hubo un tiempo en el que el alcalde de Madrid era un hombre íntegro, brillante, honesto, admirable, referente de la ética y de la lucha por la libertad. Un hombre que vivió la cárcel y el exilio por enfrentarse a la dictadura desde su cátedra en la Universidad. Cuenta la Historia que cuando volvió a España, ya mayor, fundó un partido pequeño, y que después se presentó a las elecciones para ser alcalde de Madrid. ¡Y ganó! Que siguieron siete años largos en los que Madrid presumía de tener el mejor alcalde de su historia (con permiso de Carlos III :-)). Que en esos años los bandos municipales eran joyas literarias escritas con pluma ágil, estilo narrativo propio, entre culto y socarrón, en los que nunca faltaba ni la ironía fina ni la cálida didáctica para solicitar de los madrileños civismo y ciudadanía. Que el viejo profesor, pese a ser viejo y quizá por ser profesor ;-), conectaba con los jóvenes mejor que nadie y que participó de la ochentera movida madrileña con ganas y alegría.

Cuenta la Historia que don Enrique Tierno Galván murió, siendo alcalde, en el invierno del año 1986. A su entierro asistieron cuatrocientas mil personas (un servidor entre ellas) que, desafiando al frío y a la lluvia, acompañaron al féretro por las calles de Madrid. Desde entonces, la ciudad no ha vuelto a tener un alcalde como él.

Su sucesor, Juan Barranco, del PSOE, a quien Tierno – su mentor – llamaba cariñosa e irónicamente “Juanito Precipicio” porque siempre estaba al borde de la catástrofe, no fue, desde luego, un mal alcalde, pero quizá Tierno le dejó el listón demasiado alto. Álvarez del Manzano, ya del PP, era una persona decimonónica pero en el peor sentido posible, no sé si me explico… Su idea de las libertades ciudadanas, por ejemplo, era un poco sui generis. Llegó a decir que Madrid necesitaba un “manifestódromo” para que la gente pudiera manifestarse libremente sin molestar a nadie. Hombre de costumbres rancias y casposas, no parecía destacar mucho por su coeficiente intelectual: un chiste de la época aseguraba que Madrid era el único pueblo del mundo en el que el alcalde y el tonto del pueblo eran la misma persona…

Después llegó Gallardón, con esa apariencia de hombre de centro, progresista, dialogante, moderno con el que nos engañó a todos antes de cantar la gallina, como diría un taurino, siendo ya ministro. Como alcalde hizo cosas muy malas, malas, regulares y algunas incluso muy buenas, pero dejó una deuda impagable en el Ayuntamiento (si se entera Montoro le crucifica, mejor no se lo digáis :-P).

Después llegó la Botella, y pa’qué vamos a hablar… Reconozco que Ana Botella tiene una cosa buena: hace que Rita Barberá no parezca tan ridícula, y eso un madrileño afincado en Valencia como yo lo agradece. ¡Qué voy a decir de esta señora! (que, por cierto, nunca ganó una elección en las urnas). ¿Que justificó y ensalzó la violencia machista en un libro de cuentos infantiles? ¿Que afirmó que las personas sin hogar dificultaban la limpieza de las calles? ¿Qué siendo alcaldesa de la capital no sabía quién gobernaba en Asturias ni en Andalucía? ¿Sigo? Mejor no: buscad en google “perlas de Ana Botella” y tendréis para toda una tarde de carcajadas o lloros, según como estéis de humor ese día. Y olvidad lo del relaxing cup of café con leche: es lo más inofensivo que ha dicho nunca.

Y así llegamos a las elecciones de 2015. Entre los candidatos, una mujer menuda, desconocida para la mayoría pero no para quienes han seguido la historia jurídica de este país. Se llama Manuela.

Manuela es un nombre muy vinculado a Madrid. Manuela Malasaña, por ejemplo: humilde bordadora y heroína madrileña en la guerra de independencia contra los franceses. Cayó muerta en la batalla el 2 de mayo de 1808, el día más importante de la historia de la capital. Por eso, todos los madrileños nunca hablamos del barrio de Maravillas, donde están la plaza del Dos de Mayo y la calle que lleva su nombre, sino que decimos, directamente, barrio de Malasaña. Y lo amamos. Y vamos al Café Manuela, en el corazón del barrio, a cafear las tardes y a copear las noches de la ciudad.

Manuela: ¿podría haber un nombre más bonito para una alcaldesa de Madrid? Pues el día 24 la justicia poética puede darnos una alegría. Manuela Carmena, candidata de la plataforma Ahora Madrid, es una mujer de 71 años que va en bicicleta. Manuela, a los 33 años, era abogada en el despacho laboralista de la calle Atocha cuando fueron asesinados cinco de sus compañeros a manos de pistoleros ultraderechistas. A los 45 años, Manuela era jueza de vigilancia penitenciaria y abogó por que la prisión fuera una oportunidad de rescatar al ser humano y no solo un castigo, pidiendo psicólogos en su equipo y empeñándose en conseguir la rehabilitación de los toxicómanos. A los 49 años, esta mujer era decana de los juzgados de Madrid y durante su mandato suprimió las “astillas” (un soborno muy extendido entonces que cobraban los funcionarios para agilizar la tramitación de los asuntos). A los 52 años, como vocal del Consejo General del Poder Judicial, Manuela renunció al coche oficial para utilizar la bici y el transporte público y pidió que la bajasen el sueldo. A los 65 años, como relatora de Naciones Unidas, criticó severamente las violaciones a los Derechos Humanos en países como Venezuela y a los 66, ya jubilada, invirtió parte de sus ahorros en montar en Malasaña (tenía que ser en Malasaña ;-)) una tienda social de ropa de bebé hecha por reclusas.

Hoy, a los 71 años, es posible que Manuela Carmena se convierta en Alcaldesa de Madrid.

No conozco muy bien la trayectoria de los otros candidatos a la alcaldía. Solo conozco (conocemos) bien a una y su currículum, al lado del de Manuela, deja su altura ética por debajo de los pedales de la bicicleta. No hace falta que os lo cuente: se resume en esta viñeta de Manel Fontdevila. Pero no necesito conocer al resto para desear que los madrileños elijan a esta mujer que tanto hizo por las libertades y el estado de derecho mientras otros y otras medraban en las cloacas de los partidos políticos trepando hacia los puestos de poder.

En política, yo suelo mojarme por las ideas pero casi nunca por las personas. Las primeras son las que importan; las segundas son prescindibles y, casi siempre, sustituibles. Pero esta vez voy a mojarme. Yo votaría a Manuela si pudiese votar en Madrid, y lo haría con independencia del partido por el que se presentase. Después de tantos años de tinieblas en la Plaza de la Villa, después de tantos años añorando a Tierno, el viejo profesor, la Tierna Manuela puede devolvernos la alegría.

Madrid se lo merece.

Madrid se la merece.

manuela

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6 thoughts on “Tierna Manuela

  1. Ojalá, Chema, tenga esa suerte Madrid! Tengo claro que si tuviera que votar allí, para ella seria mi voto. Una corriente de aire limpio en los pasillos de la política.
    Besetes.

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