Galeano

Acaba de morir Eduardo Galeano, cuyo pensamiento tanto significa para mí. Cuando muere alguien que ha dado tanto y tan bueno al mundo, siempre decimos que la persona se fue pero quedan sus ideas, su pensamiento, su obra. En este caso todo eso es cierto, pero Galeano era una de esas personas que me habría gustado conocer en persona porque sospecho que conversar con él habría sido más enriquecedor, si cabe, que leerle. Conozco gente que lo hizo. Conozco a dos personas que hablaron con él (y no en una tertulia o en un grupo numeroso, sino en una cena en mesa pequeña) y me contaron que aquel encuentro en Manizales, Colombia, había sido uno de los episodios más importantes de sus vidas.

Sospecho que hablar con él, aunque hubiese sido solo un rato fugaz, me habría dejado una huella indeleble. Me hubiera gustado escucharle y contarle después con humildad lo que significó para mí leer con diecinueve años “Las venas abiertas de América Latina” y agradecerle después que esa obra me despertara, junto con la literatura de Sábato y la música de Mercedes Sosa y de Violeta Parra, mi hambre de Sur. Le hubiese contado también que con veinticinco leí “El libro de los abrazos” y que desde entonces mis ganas de abrazar (con el cuerpo y también con el intelecto) nunca me han abandonado.

El mundo al revésTambién le hubiese agradecido con el corazón y la cabeza que escribiera “Patas arriba: la escuela del mundo al revés”  porque ese ensayo me abrió los ojos  sobre algunas cuestiones, me afianzó mis ideas sobre otras y también me inspiró para escribir una carta publicada por el diario El País hace algunos años. Kata, una amiga mía muy querida, fue detenida mientras participaba en una acción antimilitarista no violenta: ella y unos compañeros se interpusieron en el camino de un tren que transportaba material militar desde la base de la OTAN en Bétera, Valencia, hacia Zaragoza para unas maniobras. Escribí al diario con la esperanza de que la publicación de la carta ejerciese algo de presión el día antes de la celebración del juicio o, al menos, que los lectores conociesen la contradicción que supone sentar en el banquillo de acusados a personas que protestan contra las armas mientras los que ordenan utilizarlas para matar siguen aposentándose en cómodos sillones desde los que dirigen empresas o presiden Gobiernos. Recordé la “Escuela del mundo al revés” de Galeano (lo había releído hacía poco), y me pareció apropiado comenzar la carta aludiendo a la obra. Recuerdo que, mientras lo escribía, pensaba que en el improbable caso de que Galeano lo leyera, lo aprobaría y estaría de acuerdo conmigo porque él me había enseñado que “debemos ser desobedientes cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común” (“Las venas abiertas de América Latina”). Para mi sorpresa, la carta se publicó y siempre sospeché que lo que convenció al diario para hacerlo fue más la alusión a la obra de Galeano que el contenido en sí de la carta o la injusticia que denunciaba. Hasta eso le debo al escritor.

Siempre he admirado a su país, Uruguay, porque me ha maravillado cómo siendo tan pequeño ha podido dar a luz a personas tan grandes. José Artigas, Pepe Mujica; Horacio Quiroga, Juan Carlos Onetti; Mario Benedetti, Eduardo Galeano; Alfredo Zitarrosa, Jorge Drexler; Uruguay destaca en la política, las letras, y la música. Y en tantas otras cosas importantes…

Hoy Uruguay está de luto, pero sobre todo lo está el mundo. Hoy es un poquito peor que ayer porque Galeano ya no lo pisa. Es verdad: nos quedan sus ideas y su obra, pero para mí no es lo mismo. Aunque nunca le viese. Aunque nunca hablase con él. Ahora ya sé que no podré viajar a Uruguay y tomar mate con él, y me da mucha pena.

Gracias por todo, Galeano.

utopia

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15 thoughts on “Galeano

  1. No se puede ser el mismo después de leer a Galeano. Hay que ser de piedra. Amor y agradecimiento eterno para él. QEPD y que su fuego encendido, nunca se apague. Abrazos Chema querido. Con el cuerpo, el corazón y la mente.

  2. Ayer mi hermana me mandó un mensaje: “murió Galeano”. Y no hacía falta que dijera más. A las dos se nos había muerto una especie de tío. Y a mi padre, sin duda, una especie de hermano. Galeano ha sido parte del día a día de mi familia, como si fuera uno más. Siempre hemos tenido un comentario, un cuento, una palabra dichos por él para comentar mientras comíamos. Cuando me recibí de médica mis padres me regalaron El mundo patas arriba. Así que de alguna manera, también estuvo ese día conmigo.
    Entonces es inevitable la tristeza. Se ha muerto Galeano. América latina se ha quedado para siempre con las venas abiertas.
    Un abrazo de pena compartida, Chema.

    • Es eso, Leti, es eso, exactamente como lo expresas: hay escritores que son para ti eso, escritores, pero hay otros que además son como una especie de tío tuyo al que siempre tienes ganas de volver a ver aunque en realidad nunca le hayas visto. Eso era Galeano. Un abrazo, Leti, como los del libro.

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