Emmerson

Hay ciertas cosas que definen la esencia de uno, y en mi caso algunas de ellas están muy marcadas. El lugar de donde vienes y el lugar de donde te sientes, por ejemplo. A veces no son el mismo, pero en mi caso sí lo son. Vengo de Madrid y me siento madrileño, aunque lleve bastante más de media vida fuera del Foro. Nací allí, me crie en las calles de Chamberí, mis recuerdos de infancia y adolescencia son imborrables y, quizá por eso, nunca he dejado de frecuentar una ciudad en cuyos rincones sigo dejándome la vida algunas noches de sábado.

Otra cosa que me define es la música. A veces pienso que la música podría ser la única prueba de la existencia de dios: si existe, que ya es mucho suponer, debe estar escondido en un compás de Schubert, una síncopa de Duke Ellington, un verso de Leonard Cohen, un quejío de Camarón o un arpegio de Paco de Lucía. La música es la banda sonora de mi vida y sin ella yo no sería yo, o acaso mi vida sería muy distinta. Forma parte de mi esencia.

También forma parte consustancial de mí la saudade. Siempre he preferido usar el término portugués a sus equivalentes castellanos (melancolía o nostalgia) porque los matices son diferentes. Al contrario que en la nostalgia, en la saudade los recuerdos no están revestidos de tristeza por haber terminado, sino de alegría por haberse vivido y de ganas de volver a experimentarse pero transformados al presente. No se trata de volver al pasado, sino de seguir disfrutando hoy y mañana de lo que ayer te hizo sentir.

mandragoraSi juntásemos Madrid con la música y la saudade, aparecerían ante nosotros, probablemente, los años ochenta y un pequeño local lleno de humo en el barrio de Malasaña (el Elígeme, por ejemplo), con Javier Krahe en el escenario cantando “La tormenta”. O un teatro (el Salamanca, pongamos por caso) y un joven Aute desgranando “Al alba” con su guitarra. O una plaza de toros (la de Las Ventas, ¿cuál si no?) llena a rebosar y Sabina un día, Silvio otro, llenando de acordes y poesía el cálido aire de septiembre. O el Rock-Ola y todos botando con Alaska, pensando en nuestra chica de ayer con Nacha Pop o sudando en la escuela de calor con Radio Futura. Todas esas escenas las he vivido: yo estuve allí fumando ese humo, riendo ese chaparrón, llorando esa ausencia y respirando ese aire, y botando, pensando y sudando en….

No. Eso último me faltó. No estuve nunca en Rock-Ola. No participé nunca de la movida.

movida¿Hay algo más madrileño, musical y ochentero que la movida? Pues – lo que son las cosas – yo nunca me sentí identificado con ella. Nunca me gustó, nunca escuché su música, nunca entendí su cine, nunca la sentí cercana. Supongo que será porque me pilló muy joven (todavía adolescente) y porque en esa época yo quería ser un sesudo intelectual progre y los intelectuales progres escuchaban a Aute, a Paco Ibáñez, a Serrat o a Raimon, pero nunca a Kaka de Luxe o a Parálisis Permanente.

Pasaron los años y yo seguí escuchando a los Milanés, Sabina, Llach, Silvio, Dylan o Mercedes Sosa, y más tarde a los Jorge Drexler, Pedro Guerra, Olguita Román o Ismael Serrano (“¿en vuestro siglo no había pop?”, nos preguntó una vez Paloma, socarrona como es ella, a Sole y a mí). Últimamente también a Guille Dinnbier ;-). Tampoco faltaba Springsteen, para que no todo fuese un bajón (del que también me salvaba La Cara B 😉 ). Un buen día, influido por algunos amigos y amigas que querían renovar mi música (y con ella renovarme a mí), empecé a mirar de reojo a otras músicas del presente y del pasado y descubrí a Antonio Vega (Nacha Pop), a Santiago Auserón (Radio Futura) o a Enrique Urquijo (Los Secretos) y encontré vida más allá de mis cantautores de siempre. Pero les descubrí tarde: ya no puedo ir a sus conciertos porque se han retirado; algunos de la música, otros de la vida. Hace tiempo que lamento no haber frecuentado el Rock-Ola, el Penta o La Vía Láctea tanto como el Café Central o el Elígeme

… y en eso apareció Emmerson. Les conocí por Irene, una antigua buena alumna que con el tiempo se convirtió en una nueva buena amiga. Toni, su pareja, formaba parte de un grupo e Irene me habló de ellos. Un día Toni colgó en Facebook “Mientes”, una canción de su nuevo disco. No me hice el remolón: pinché en el botoncito del play… y aluciné (verbo muy utilizado en la movida, por cierto ;-)). ¡Me encantó! La melodía me enganchó y la letra me hizo dudar: ¿habla de un amor terminado o de los políticos de la casta? Recordé los eternos debates sobre Ojalá, una de las canciones más completas de Silvio, que unos interpretan como de amor y otros como crítica política. Que está dedicado a Kennedy, dicen algunos, o a Pinochet, dicen otros, pasando por alto que nadie en su sano y sensual juicio le cantaría al ridículo General “ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo”. Con “Mientes” todavía dudo si es una canción de amor o si es política y no quiero preguntárselo a Toni o a Borja o a Javi porque prefiero seguir dudando en mi disfrute…

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Después de esa primera experiencia, no me resistí cuando Irene me tentó para ir a un concierto. Allá fuimos una noche, con Ana y Eduardo, a escucharlos al Matisse. Empezaron a tocar y a cantar y la saudade empezó a hacer de las suyas: cerré los ojos y me vi en 1983, en Madrid, en el Penta, escuchando a Nacha Pop o a Radio Futura, respirando el aire denso de humo de Ducados. Los abrí y me encontré en 2014, en Valencia, en el Matisse, escuchando a Emmerson y respirando el aire liviano de la ley anti-tabaco, y era todavía mejor porque esto era real y me hacía recordar mágicamente cosas que ni siquiera había vivido. Después de aquella noche les he vuelto a ver algunas veces más, ya con Sole, a la que insistí para que les conociera.

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Emmerson en Matisse, 19 de diciembre de 2014 (foto: propia)

Suenan de puta madre y son buenos, muy buenos. No sé si mejores o peores que los grupos más destacados de la movida (a los que tanto me recuerdan) porque me falta criterio en un estilo musical que no es (o era) “el mío” y además no sería objetivo al juzgarles porque me caen demasiado bien. Lo que sí sé es que probablemente hoy es mucho más difícil triunfar en la música que ayer. Ojalá ellos lo consigan. Ojalá, lleguen a donde lleguen, sigan disfrutando en el escenario y haciéndonos disfrutar a nosotros…

Si queréis probar el veneno, tenéis ocasiones de sobra para hacerlo. En la FNAC de Valencia el próximo domingo 12 de abril, sin ir más lejos, o en cualquiera de los conciertos en directo que anuncian en su página web. Os espero en alguno de esos lugares cualquier noche en la que os apetezca escuchar buena música, pasar un buen rato y, quizá, quién sabe, recordar cosas que ni siquiera estáis seguros de haber vivido. Besos a todos.

PD Como la buena música siempre conduce a más buena música, Emmerson me ha llevado hasta Cientovolando. Ellos son los próximos… 😉

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Emmerson en Los Viveros, 8 de marzo de 2014 (foto: http://www.emmerson.es)

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