El reptil y el querubín

pequeño nicolas arturo fernandez

Miradlos, tan tiernos, tan sonrientes, tan felices, tan sanvalentinos… La imagen no es de ayer, pero parecen enamorados, ¿a que sí? ¡Están guapos! Y taaaaan por encima de nosotros, los mortales, los tipos corrientes…

Miradlos. Él, el canoso, con esa carita picarona, burlona, concupiscente, como de reptil o, mejor, de serpiente que acaba de devorar una rata. Quizá cierra la boca para que no se vea la cola, todavía caliente y temblorosa, enganchada entre los dientes, ni tampoco la sangre negruzca entre sus encías podridas de tanto comer langosta, caviar, jamón ibérico y ratas, muchas ratas. Los ojillos medio cerrados, junto con esa sonrisilla falsa y acartonada por el botox, le dan un aspecto lascivo que a mí me produce escalofríos. Es la viva imagen de la lujuria, de ese tipo de lujuria que no puede confesarse y que solo puede pagarse con billetes de 500 euros extraídos de cajeros de Bankia con tarjetas red (sí, son red y no black porque son del color de la sangre de los desahuciados y de los preferentistas).

A su lado, él, el jovencito, el pequeñín, el querubín. Con esas onditas en el pelo, esos mofletes rollizos y sonrosados, esa sonrisa limpia de dientes blancos sin rastro de las encías podridas de su amigo porque él todavía es joven y todavía no come ratas (o sí las come, pero sabe lavarse bien los dientes). Igual que su enamorado, le da al caviar, a la langosta y hasta a las fresas Arnaud, pero él se va sin pagar, como el otro día cuando le detuvo la policía por salir corriendo de un restaurante dejando detrás una cuenta de más de 500 euros. ¡Qué falta de estilo, pequeñín! ¡Qué poco glamour! ¿Acaso no sabes que salir huyendo es de mal torero? Qué pasa, ¿que tú no tenías tarjeta red? ¿No te la habían dado tus amiguetes, angelito?

Todavía tienes mucho que aprender, pero no te apures: eres joven y tienes muy buenos profesores. Todos esos altos cargos de tu partido con los que tienes tantas fotos podrán enseñarte, como alumno aventajado que eres, a cobrar sobresueldos en sobres de dinero negro, a tener un Jaguar en el garaje sin saber cómo se ha pagado, a enriquecerte con dinero de todos participando en tramas corruptas e incluso a reírte a carcajadas del populacho que pasa hambre y acude a comedores sociales.

También puedes aprender de todos esos señores importantes, líderes empresariales y directivos de la CEOE como tu amigo el canosete, que pueden enseñarte trucos para pagar con dinero negro a tus trabajadores (y tus cenas), amañar las cuentas de tus empresas para despedir a tus empleados y llevártelo calentito, tener dinero en Suiza y en las Caimán o decirle al proletariado que hay que trabajar más por menos dinero para salvar a este país sin que se te caiga la cara de vergüenza. No te faltan ejemplos, chavalín. Aprende, tú que puedes. ¡Pero qué digo! ¿Yo dándote consejos a ti? Perdona, chaval, son dejes de profesor. ¡Pero si tú en esto de la fechoría ya tienes nivel de doctorado! ¡Si has elevado las cotas de la estafa a niveles jamás soñados por un novelista!

Qué guapos. El reptil y el querubín. ¿A qué jugarán por la noches? Les imagino dándose la mano por debajo del plano de la foto, tan enamorados, tan encantados de haberse conocido, tan cómplices, tan disfrutando de ese amor lujurioso y de plástico. O quizá no. Quizá tienen las manos metidas en sus propios bolsillos, agarrando con fuerza billetes y tarjetas para que el otro no se las robe aprovechando ese momento selfie en el que uno está más preocupado por el encuadre que por tener a salvo sus pertenencias. Porque estos tipejos amorales deben de ser así, seguro: no deben fiarse ni de la madre que los parió ni del reptil que les enseñó. Aunque estén unidos por la lujuria (o precisamente por eso…).

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PD Amigos latinoamericanos que probablemente no sabéis quienes son estos pájaros, no dejéis de pasaros por estos enlaces:

El “pequeño Nicolás” en la Wikipedia

Historia de un caradura

Arturo Fernández y las tarjetas black

La relación entre Arturo Fernández y el pequeño Nicolás (1)

La relación entre Arturo Fernández y el pequeño Nicolás (2)

   

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