Diccionario de Argentiñol

¡Muy buenas a todxs!

Aunque hace ya varios días que volví por mis pagos valencianos después de pasar dos semanas en Argentina, no quiero dejar de transcribiros mi conversación con el taxista valenciano que me llevó a casa al concluir mi viaje. Sospecho que, por alguna razón misteriosa, no nos entendimos del todo bien…

– Buen día – le digo cuando baja del taxi para ayudarme a cargar la maleta.

– Buenos días – me contesta, algo extrañado de que yo utilice el singular – ¿A dónde le llevo?

– Vamos a Utiel y Emilio Baró, pero sobre Utiel.

– ¿Cómo?

– A la calle Utiel, casi esquina con Emilio Baró, quiero decir. Como a media cuadra.

– ¿A media qué?

– Cuad… esteeee, manzana. A media manzana“¿por qué carajo no me entiende?”, me pregunto…

Arranca el taxi y yo, que vengo de muchas horas de silencio en dos aviones y un tren, estoy hablador, así que decido darle conversación.

– ¿Hizo mucho frío estos días acá en Valencia?

– Frío no, pero llovió bastante…

– ¡Qué garrón!

– ¿Que qué?

– Garrón… esteeeee… ¡qué mal!, quería decir…

– Ah, sí, qué mal – noto como me mira raro por el retrovisor.

– Es un embole cuando llueve y no podés salir de casa.

– ¿Es un qué?

– Embole, aburrumiento… – le miro, reflejado en el retrovisor, como diciéndole “¿en serio no sabés que embole quiere decir aburrimiento, boludo?”.

– Ah… – me mira más raro todavía.

Continuamos en silencio varias cuadras (eeeeh, manzanas) hasta que él vuelve a hablar.

– Vaya, han vuelto a abrir esa pizzería. Creí que la habían cerrado – no sé decir si le interesa de verdad el tema de la hostelería o quiere tirarme más de la lengua…

– Sí, cierto, antes hacían unos fideos con tuco muy ricos.

– ¿Que hacían quéeeeee?

– Espaguetti boloñesa…

– Ah, sí, muy buenos – y ahora mueve la cabeza como diciendo “¿de verdad este tío es tan raro o es que me quiere tomar el pelo?”.

Tras un silencio algo espeso, por fin enfilamos mi calle.

– Ahí es, ahí. Donde está parada esa mina con rulos – le indico.

– ¿¿¿¿¿¿??????

– Mina, rulos… ¡Mujer con el pelo rizado! “boludo, no: pelotudo. ¿Pero qué idioma hablás vos?”, pienso pero no digo.

– Ah, vale, es que no le entiendo bien. – detiene el taxi – Son siete con ochenta.

– ¿Pesos? – me parece muy barata la carrera…

– ¿Qué pesos? ¡Euros!

– Ah, perdone… Aquí tiene. Quédese el vuelto. Esteeeee… el cambio.

–  Gracias.

Bajamos los dos a la vereda (la acera, vamos) y, mientras me ayuda a bajar la valija (¡perdón! ¡la maleta!) del remís (ché, el taxi), me mira y me pregunta a bocajarro…

– Oiga, ¿de dónde es usted?

– De Madrid – contesto resuelto y orgulloso.

– Pues no habla como los madrileños…

– Claro, porque llevo muchos años viviendo en Valencia…

Me despido (“¡Chau!”) y, mientras cruzo la calle, le oigo chamullar algo sobre la locura…

.

ESPANA-ARGENTINA

 

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