Entre amigos

En este blog (últimamente tan abandonado) he hablado sobre algunos de los cantautores que han escrito y escriben la banda sonora de mi vida. He hablado de Rafael Amor, José Antonio Labordeta, Javier Krahe, Joaquín Sabina, Pete Seeger, Víctor Jara, Lluis LlachJosé Afonso, pero pensé que nunca hablaría de Luis Eduardo Aute.

Pensé que no lo haría porque con Aute tengo desde hace muchos años una relación de amor y odio cuyo origen, que se remonta a finales de los años 80, nunca he acertado a comprender del todo. Entre mis dieciséis y mis veinte años yo profesaba la religión Autemística pero, poco a poco, comencé a dudar de la existencia del Auténtico dios hasta que, finalmente, me hice auteo. No sé por qué: tendré que consultarlo con mi psicoanalista. Quizá fue porque Aute empezó a desvariar – juzgaba yo – diciendo cosas como que Dios era sexo, y no es que me pareciese una blasfemia sino que yo en esa época follaba poco y, supongo, me daba envidia tanto sexomisticismo. Quizá fue porque Aute pasó de hablarnos de la razón del universo, de la Nouvelle vague o de la idea no mensurable a escribir sandeces – juzgaba yo – como “por más que aparezca la grúa y se lleve mi coche, quiero bailar un “slow” with you tonight”.  Juzgaba yo entonces ésta y otras canciones como sandeces porque la frivolidad o el humor light no eran compatibles con la sagrada, recta y seria intelectualidad en la que uno quiere vivir a los dieciocho años (repito: follaba poco).

Anoche Aute cantaba en Valencia y yo necesitaba reencontrarme con él. Hacía 15 años que no le veía cantar en directo. Moví cielo y tierra para poder ir porque ese día iba a ser complicado: tenía que ir y volver a Bilbao en el mismo día (me habían invitado a una tesis doctoral). Llegué directo del aeropuerto y allí me esperaban Irene, Tomás, Cristóbal, Elsa, Miguel Ángel y Merche. Sabía que estarían porque había quedado con ellos. Lo que no sabía es que allí me esperaba también mi niñez.

Antes de empezar el concierto se proyectó un corto de Aute, “El niño y el basilisco”, que está integrado en su último disco. El corto – alegórico, formado por secuencias de dibujos a lápiz, desarrollado en absoluto silencio – muestra como el Aute-adulto se encuentra con el Aute-niño sentado en el malecón de Manila mirando al mar y le muestra los fantasmas interiores que le torturarán en un futuro que el niño todavía desconoce. Al final del corto, el viejo que fue niño y el niño que será viejo se sientan uno al lado del otro y la angustia se torna calma mientras suena una canción tierna y relajante: “El niño que miraba al mar”, cuyo estribillo dice así:

El_nino_y_el_basilisco_1.

“Y daría lo vivido
por sentarme a su costado
para verme en su futuro
desde todo mi pasado
y mirándole a los ojos
preguntarle enmimismado
si descubre a su verdugo
en mis ojos reflejado”

La canción rompió el silencio y también me rompió a mí: rompí a llorar sin poder evitarlo. En los últimos años estoy cada vez más obsesionado con el deseo de encontrarme con el niño que fui. Como Aute con Aute en “El niño que miraba el mar”. Como Borges con Borges en “El otro”, de “El Libro de Arena”. Necesito encontrarme con el Chema-niño y hablarle, hablarle, hablarle, hablarle de lo que ha pasado en todos estos años desde que se sentaba en un banco de Chamberí con su pantaloncito corto desconociendo lo que le depararía la vida. También necesito escucharle y saber qué pensaba, qué sentía, que presentía, qué esperaba. Necesito encontrar muchas claves de mi vida de hoy en el germen de mis ocho años. Supongo que esa necesidad será cosa de la edad en la que estoy: esa etapa ambigua en la que no sabes si estás en la mitad de tu vida o si ya has entrado en su último tercio… La imagen del Aute niño y el Aute viejo sentados uno junto al otro y la letra de la canción me acercaron a mi deseo, como si fuesen un vehículo que te transporta a un lugar desde donde es más fácil llegar a tu destino por tus propios medios. La magia de la música volvió a funcionar y yo comprendí además que mi alma sigue entendiendo perfectamente el idioma de Aute a pesar de no haberlo practicado durante los últimos 25 años. Me bastaron esos minutos para volver a creer en mi antiguo dios (me resultó fácil además: ahora follo mucho más que a los dieciocho ;-)).

Cuando un minuto después Aute salió al escenario, donde ya le esperaban sus músicos, ya me tenía ganado. A eso le siguieron tres horas (¡TRES!) de conciertazo donde un Aute que parece no haber envejecido por dentro desgranó sus nuevas canciones y desempolvó aquellos “Anda”, “No te desnudes todavía”, “Las cuatro y diez” (volví a llorar), “De alguna manera” (lloré más) o “Al alba” (un lamento que cantó en versión a capella poniéndonos los pelos de punta) que siguen siendo inmortales.

Nos regaló tres horas de música mágica utilizando como armas su magnetismo, el chorro de voz que todavía posee y su complicidad con un público cuya edad promedio, eso sí, no llegaba a los 55 porque Irene bajaba la media ;-). Disfruté, lloré en la oscuridad del teatro, reí, sonreí y compartí con mis amigos todo aquello.

“Entre amigos” se llama aquel disco que Aute grabó en 1983 en el Teatro Salamanca de Madrid y al que yo estuve a punto de ir (me desquité asistiendo al “Mano a mano” con Silvio en Las Ventas en 1993). “Entre amigos” se pudo llamar mi día de ayer. Ente amigos me sentí en Bilbao con gente con la que apenas había tratado más allá de intercambiar cuatro palabras en los congresos pero que me parecieron personas estupendas que están por conocer. Entre amigos me sentí en el teatro de La Rambleta con Tomás, Cristóbal, Irene y compañía. Entre amigos me sentí con ellos y el vino en el bar que cerramos después del concierto (no podía ser de otra manera). Pero el mejor amigo de la noche fue el niño que, sentado en un banco de Chamberí, miraba el mar imaginario de su futuro desde los lejanos años 70. Me senté a su lado, le miré y no creí percibir que viese en mis ojos a su verdugo sino a alguien que intenta todos los días, con mayor o menor fortuna, hacerle sentir todo lo que esperaba sentir cuando solo tenía ocho años.

Va por ti, Chemita ;-).

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2 thoughts on “Entre amigos

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