¡Carteles del mundo, uníos!

¡Muy buenas a todos!

Pensando sobre un tema para seguir con el blog en este día de veranito, me he acordado de un enlace que Estrella colgó en Facebook hace poco y que trataba sobre carteles con frases divertidas. Me gustó porque, además, una de mis aficiones más aparentemente absurdas cuando viajo consiste en sacar fotografías de aquellos carteles que, por una u otra razón, llaman mi atención. Los carteles tienen algo subliminal que nos dice mucho sobre la idiosincrasia local: unas veces por el mensaje que transmiten, otras por la forma de expresarlo, otras por la iconografía utilizada… El caso es que siempre me han gustado y tengo (en papel de los de antes) una buena colección de fotos de carteles del mundo. Aunque no tengo a mano la colección (las fotos siguen dentro de las cajas de mi reciente y laaaaaarga mudanza), contaré algunas anécdotas de carteles que he fotografiado.

Uno de los que recuerdo con más cariño informaba de la presencia de una gomería en una carretera de Paraguay. Los que hayáis viajado por aquellas tierras hermanas sabréis que las carreteras en muchos países de América Latina están repletas de cobertizos a un lado de la calzada en los que se reparan pinchazos en las ruedas. Los dueños suelen identificar estos locales por una cubierta de neumático colgada con alambre en el frontal del cobertizo. En cada país, el servicio recibe un nombre distinto: en Centroamérica se llaman vulcanizadoras (y se reparan punchazos en las llantas); en Argentina y el sur de Paraguay son gomerías. Se trata generalmente de pequeños negocios que son un auténtico seguro de vida cuando se viaja en coche (o mejor en auto o en carro) por rutas de tierra o de asfalto no siempre muy liso. Bien lo sabemos mi hermano Gabriel y yo: una mañana lluviosa del año 2000 pudimos tomar el ferry a Moyogalpa (en la isla de Ometepe, en Nicaragua) gracias a la diligencia y el buen hacer del dueño de uno de estos negocios. Al llegar al puerto pinchamos y no podíamos subir así a la barcaza. Por suerte, alguien nos “dio raid” (literal del inglés “ride”: auto-stop en nicaragüense) hasta una vulcanizadora cercana y nos ahorramos el paseo hasta el correspondiente cobertizo, pero a la vuelta la suerte no nos sonrió y tuvimos que hacer rodar el neumático con un palo (al estilo local) desde la vulcanizadora, en el centro de San Jorge, hasta el puerto. Eso sí, ¡al menos pudimos seguir viaje hacia Ometepe!

Pero volvamos al cartel, que me estoy yendo por los cerros de Moyogalpa (¡qué ganas de volver!). Una mañana de 2002, en una carretera secundaria al sur de Paraguay cerca de Encarnación (no lejos de la frontera con Argentina), alcancé a ver y fotografiar un cartel anunciador de uno de estos negocios. En grandes letras rojas escritas a mano, decía textualmente:

GOMERÍA. ABIERTO 24 HORAS AL DÍA

Hasta ahí todo normal, pero es que un poco más abajo, en letra más pequeña, añadía (por si las dudas):

Y POR LA NOCHE TAMBIÉN

¿A que es encantador? 🙂

Otro de los mejores carteles de mi colección lo encontré en una calle de Nueva York. Como en la mayoría de las urbes del mundo, las calles de muchas ciudades de Estados Unidos están sembradas de señales de tráfico que advierten al conductor de la prohibición de aparcar en determinadas zonas. Algunas de estas señales rezan severas:

no_pensarNO PARKING AT ANY TIME. CARS WILL BE TOWED AWAY AT THE OWNER’S EXPENSE

(“Prohibido aparcar. La grúa retirará los coches, corriendo el dueño con los gastos”)

Siempre me ha hecho gracia la aclaración acerca de quién es el que paga los gastos de la grúa. En Estados Unidos todo hay que hacerlo explícito, sobre todo en lo referente al dinero, para evitar confusiones. Pero no es ese el cartel al que me refería. En la calle 29, entre la Séptima y la Octava Avenida de Manhattan (cerca del Madison Square Garden), hay un lugar donde aparcar está especialmente sancionado. El cartel que lo prohíbe (que después he vuelto a ver en diferentes ciudades de yankeelandia) es diferente del resto, y en él puede leerse:

DON’T EVEN THINK OF PARKING HERE

(“Ni se le ocurra pensar en aparcar aquí”)

Al principio me hizo gracia, pero luego caí en la cuenta de que era terrible. La señal no prohíbe aparcar: ¡prohíbe pensar! Y esa prohibición, propia de dictaduras, es la última que deberían imponerte en la vida.

Pero sin duda el cartel más inolvidable de mi vida lo vi al poco de pisar suelo chileno, cuando estuve allí en 1998. Los que habéis estado en el país andino (o los curiosos del idioma) sabréis que en Chile (y en otros países de América Latina) la quiniela y la lotería (las apuestas oficiales, en general) reciben el estruendoso nombre de “la polla” (sí, sí, ¡como suena! Nota para los argentinos poco puestos en genitales masculinos: la polla es la poronga :-P). Para más inri, acertarla es “sacarla”. Pero esto no lo sabía yo cuando, viajando en el autobús que me llevaba del aeropuerto de Pudahuel al centro de Santiago por la carretera de Valparaíso, vi un inmenso cartel publicitario que decía textualmente:

SI QUIERE SER MILLONARIO, ¡SÁQUESE LA POLLA!”

Quedé tan estupefacto que no acerté ni a sacarle una foto (al cartel, digo…). Estuve a punto de darme la vuelta y tomar el primer avión de regreso a España. Qué queréis, ¡me asusté! Además, no creo que por la mía me hubiesen dado más de mil pesos… 😛

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9 thoughts on “¡Carteles del mundo, uníos!

  1. A mí también me gustan los carteles. Son muy divertidos.
    Ayer mismo en Girona vi dos muy buenos. El primero decía: “Cerrado del 11 al 18 y del 19 al 25 de agosto”. Y el otro: “Cerrado de 20.00 a 8.00. Abierto de 8.00 a 20.00” 😀

  2. Me acordé de un cartel en una ferretería de Buenos Aires: “Si necesita una cosita para la cosa, traiga la cosa para que yo sepa cuál es la cosita que necesita”. 🙂

  3. Yo también colecciono Graffitis! Siempre tendré presente, uno, pintado en una pared de la vereda (“acera” en argentino) de enfrente del Regimiento de Patricios en Palermo (barrio de Buenos Aires) alla por los años 76/78. Decia asi: “Ojalá que te agarre un tipo con cara de doverman”. Pequeña venganza para esos años de plomo, en que solo escribir el graffiti te ponia en peligro.

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