Animales

La razón que hoy me empuja a escribir sobre la fotografía que acompaña al texto no es la sobredosis de sensibilización que tengo por haber vuelto a asistir ayer a la obra “Un trozo invisible de este mundo” (con Sole, Bego, Ana, Eduardo, Gabi, Irene, Toni y Lupe); lo hago porque la indignación que siento por el trato que les damos en España a los inmigrantes ya no me cabe en el cuerpo y tengo miedo de que rebose de mala manera.

Cada nueva noticia sobre el control fronterizo en la valla de Melilla o en las playas de Ceuta supera a la anterior en horror. Lo último es que la policía utiliza gas pimienta contra los inmigrantes que tratan de saltar la valla. También aerosoles y extintores. Desde hace tiempo, se viola la ley (por orden del gobierno) y se deporta a los inmigrantes “en caliente” sin siquiera identificarles (permitiendo incluso que para ello la policía marroquí invada territorio español). En Ceuta, la Guardia Civil disparó en febrero cartuchos de fogueo y pelotas de goma contra un grupo de inmigrantes subsaharianos que trataban de alcanzar a nado la playa. Catorce de ellos murieron. Mientras, en la valla de Melilla se instalan “concertinas” (bonito eufemismo para llamar a unas cuchillas de acero que cortan más que el cuchillo de un carnicero) para impedir que los inmigrantes consigan saltar so pena de sufrir horribles tajos en manos, brazos y piernas.

El gobierno justifica todo y saca pecho por estar parando la “avalancha”. El delegado del gobierno en Melilla y el ministro (con minúscula) del Interior defienden el uso de aerosoles de gas pimienta porque – dicen – es “reglamentario” y además “proporcionado”. Fernández Díaz – de misa diaria nuestro ministro – dice que las cuchillas son elementos “pasivos” y “no agresivos” (¡¡¡!!!). Niega que la policía esté devolviendo a Marruecos inmigrantes sin identificar (algo ilegal y humanamente intolerable), igual que su ministerio negó primero que se disparasen pelotas de goma en Ceuta para después admitirlo: eran “para disuadir”, dijo el ministro cuando le pillaron. No sé a vosotros, pero leyendo y escuchando todo esto a mí me dan ganas de ponerles a los defensores de estos métodos una concertina pasiva y no agresiva debajo del colchón, de rociarles con un aerosol de gas pimienta reglamentario y proporcionado mientras se duchan, de dispararles pelotas de goma mientras cenan (solo para disuadirles) y de devolverles a sus pueblos sin identificarles mientras duermen. No lo hago porque soy más civilizado que ellos y porque odio la violencia incluso cuando es contra cretinos así.

Todo esto lo argumentan aludiendo – cómo no – al peligro que supone la inmigración ilegal para España. “Hay que blindar la frontera y detener esa avalancha”, dicen. No sé si se dan cuenta de que en los últimos años, mientras los inmigrantes trabajaban en las tareas que los españolitos no queríamos y elevaban la natalidad salvándonos de la inversión de la pirámide poblacional, los que verdaderamente hundían el país eran más españoles que el Cid Campeador. ¿Dónde nacieron, si no, los que provocaron el agujero bancario que estamos todos pagando, los que vendieron preferentes, los que con su incompetencia agravaron la crisis, los que con su megalomanía despilfarraron el dinero público, los que con su avaricia robaron el dinero de todos o los que desfalcaron empresas? ¿En Dakar, o más bien en Burgos? ¿En Addis Abeba, o más cerquita de Valencia? ¿En Tinerghir o en Madrid? ¿En los suburbios de Bamako o en los barrios altos de Valladolid?

Tengo la suerte de conocer o haber conocido a decenas (no sé si centenares) de inmigrantes, algunos con papeles y otros sin ellos. Algunos son hombres, otros mujeres. Algunos son ingenieros, otros no acabaron la primaria. Unos me caen muy bien y a alguno que otro no le soporto. A unos les gusta el dulce y a otros el salado. Unos son honrados y otros lo son menos. Unos tienen trabajo y otros no. Exactamente igual que si fueran de Cáceres: son personas, y ya. Lo único que tienen en común los que vinieron de fuera es que me han regalado algo impagable y que valoro como pocas cosas en la vida: me han aportado la diferencia.

En un mundo de Utopía al que muchos aspiramos, no tendría que haber ningún control fronterizo. Todo ser humano debería poder ir a donde quisiere: las fronteras son líneas artificialmente imaginarias.

En un mundo que, siendo real, quisiéramos acercar a la Utopía, habría que considerar como prioridad el desarrollo de los países pobres, renunciando obviamente a muchos de nuestros privilegios de ricos por el camino. Pero eso, para hacerse en serio, implicaría cambiar completamente el sistema geopolítico y económico mundial. Implicaría dejar de robarles y de someterles. En un mundo así, probablemente nadie querría abandonar su país forzado por la falta de oportunidades (salvo, claro está, los “jóvenes españoles de espíritu aventurero” de la secretaria general de Inmigración y los que protagonizan la “movilidad exterior” de la ministra Báñez)

En el mundo de mierda en el que vivimos, que se parece a la Utopía tanto como un pavo a un hipopótamo, se pueden hacer mil cosas, millones de cosas, para regular la inmigración. Se pueden imponer controles de miles de tipos basados en millones de ideas imaginativas. Se puede hacer cualquier cosa, salvo una, solo una: tratar a los inmigrantes como si fuesen animales. Resolviendo el problema con vallas, cuchillas, balazos y aerosoles, eso es exactamente lo que estamos haciendo.

Hace algunas semanas, mi amiga Sabina colgó esta foto (creo que la tomó Jordi Évole) en su muro de Facebook. La vi y lo primero que pensé es que se asemejaba a un zoológico en el que unas personas observan a unos animales en actitud desafiante. Y no, los animales no son los que están encaramados a la valla sino nosotros, los del otro lado, los que encerrados en nuestra cárcel de oro perdemos con cada cuchilla, con cada pelota de goma y con cada aerosol de gas pimienta lo poco de humanidad que nos queda.

Basta ya, hombre, basta ya.

 

animales

 

 

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14 thoughts on “Animales

  1. De acuerdo, la imagen es aterradora.
    Pero… en tiempos de crisis es común culpar al inmigrante. No sé qué decirte, Chema… No hay consuelo para las cosas que hacemos los seres humanos. Apuesto que conoces las cosas que pasaron en mi país, Argentina.
    Un abrazo fuerte.

    • En España se les culpa en tiempos de crisis y también de bonanza: ¡vienen a quitarnos el trabajo!, se decía cuando no había crisis. Y sí, conozco lo que pasó en tu país: la crueldad humana (¿humana?) no tiene límites. Al menos les juzgasteis y Videla no murió en la cama de una mansión sino en una celda de una cárcel. Tengo mucha vinculación con Argentina, país al que adoro. Mi pareja es argentina, y siempre le digo que quiero que nos casemos para que me den la nacionalidad de Borges :-). Gracias por tu comentario. Nos leemos. Un abrazo.

          • Nosotros os llamamos “gallegos brutos”. Pasa en las mejores familias. Solidario contigo trato de recordar qué golpea más a una mujer argentina que cree que tiene un cerebro… Una que me parece que les molesta es “¡Andá a lavar los platos!” (muy aplicable cuando te cruzas con una mujer conduciendo un automovil como… mujer). Seguiré buscando.

            Coincido con vos. La poesía es el género más difícil. Y El Maestro hacía magia. Ya copié tu regalo, no la conocía. En realidad leo poca poesía.
            A mí me hipnotiza ver sus reportajes.
            Gran abrazo

  2. Hace unos días, en el centro de salud donde trabajo un señor al que la administrativa no le podía dar hora porque su médico no estaba rompió un ordenador al arrojárselo a la cabeza a la administrativa en cuestión. Por suerte no fue la cabeza de la señora la rota. Un hecho muy agresivo, fuera de lo común en este lugar. Sin embargo, lo curioso es que médicos, enfermeras y administrativos cuando lo contaban ponían el acento en esto: “y eso que era un señor del país!!” (“el país” en Cataluña es Cataluña…).
    Creo que no hace falta agregar nada más.

    • Efectivamente no hace falta agregar nada más. Por la misma razón, pero con el acento contrario, en los medios de comunicación se dice “el delincuente, de origen ecuatoriano, fue detenido por la policía…” si el presunto nació en Cuenca, Ecuador, pero la frase se cambia por “el delincuente fue detenido por la policía” si nació en Cuenca, España…

  3. Una cosa sobre Videla: la cama de la cárcel en la que estaba no tiene mucho que envidiarle a una cama de cualquier otro sitio. No dormía en una celda. Era una habitación donde además tenía escritorio, sillas, cómoda, calefacción, ventana grande (puedes buscar las fotos en internet). Eso sin contar con que entró a esta habitación sólo un año (o dos) antes de su muerte. El resto de su vida (una vida de 87 años) se lo pasó tan campante por todos lados. Y se murió creyendo que lo que había hecho estaba muy bien hecho… Así que juicio sí pero justicia… quién sabe.

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