Amantes

Reencontrarte después de tres años con alguien que fue muy importante para ti (hasta el punto de dudar si te enamoraste de ella) siempre tiene algo de enigmático. “¿Será lo mismo?” – te preguntas – “¿La sentiré como a una extraña, o será fácil volver a conectar con ella como antes?”

En los días previos al encuentro de ayer, yo andaba algo nervioso por éstas y otras cuestiones. Anoche cuando la vi, cuando me vio, sentí, sintió, un inconfundible calor interior. Las primeras horas se me hicieron extrañas, pero poco a poco todo fue fluyendo. Nos fuimos a la cama pronto (separados), pero esta mañana me costó levantarme para reencontrarme con ella como si, a pesar de las buenas sensaciones de ayer, me diese miedo afrontar el día en su sola compañía.

Desayunamos juntos en el Café Central y después empezamos a caminar, el uno al lado del otro. La dejé que me guiara, como hacíamos entonces. Era, es, casi como un juego. No miro por donde voy: ella me conduce y me adentra por las avenidas, las calles, las callejuelas, los callejones. Caminando a su lado empecé a recordar y me di cuenta de que, cuando se trata de ella, mis recuerdos son nítidos y excitantes. Paseando por un parque en el que los niños juegan con unos chorros de agua que se mueven al compás de una pieza de Liszt, recordé aquel día en que perdí el vuelo a Barcelona por un accidente en el tren, recurrí a ella y me respondió, como hacía siempre. Pasamos juntos toda aquella tarde y terminamos cenando en un McDonald’s. Qué poco romántico y, sobre todo, qué poco “nuestro”, ¿verdad, B.? Y, sin embargo, creo que fue ésa la noche en que me enamoré perdidamente de ella.

Fuimos amantes, ahora lo sé. Lo hemos vuelto a ser hoy, y lo seguiremos siendo hasta el domingo. Haremos el amor sin descanso, sin interrupciones, sin tregua. Sin piedad. Nos follaremos hasta el alma por si tardamos en volver a vernos, por si no nos vemos nunca más.

Estos días la estoy redescubriendo poro por poro, lunar por lunar, reconociendo cada accidente de su geografía, recordando cada detalle de su anatomía. Hoy he vuelto a recorrer con mi lengua y mi deseo cada rincón de su cuerpo y he vuelto a refugiarme, extenuado, justo donde termina su espalda, al final de ese Danubio que tiene por columna vertebral. He vuelto a mirarla a los ojos, a los dos, porque mi amante tiene uno de cada color: el azul, que representa su alma pueblerina y vieja, y el gris verdoso, que refleja su alma solemne y tranquila.

Para ella no han pasado los años, para lo bueno y también para lo malo. Sigue siendo la misma que yo conocí. Sigue siendo mi Budapest del alma.

Sí, estaba hablando de una ciudad (¿por qué las querré tanto?). De una de mis ciudades-amante, no de mi mujer-amante. Con ella, con la mujer a la que veo realmente cuando miro detrás de esas columnas que hay en la colina desde donde escribo, me pasa como con Budapest: nos separamos unos días, vuelvo, y es todavía mejor. De ella y de lo que hacemos juntos no voy a hablar aquí porque mi chica no es de ladrillo y asfalto sino de carne y Sol y eso, amigos, son palabras mayores que no se revelan en un blog… 🙂

budapest

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19 thoughts on “Amantes

  1. Hay!!!! Chema como podes escribir y describir con tanta belleza, con tanto sentimiento, como sabes transmitir hasta la necesidad de estar y compartir ese mágico lugar. Te confieso que me asuste un poquito, pero no queria adelantar el mouse, porque me atrapaba la intriga, Guauuuu que bueno!!! mi adorada SOL esta presente. Los amo!!!.

  2. Bandido! qué envidia te tengo! jajaja. Te acordaste del bañador? No hay nada mejor que una partida de ajedrez a la luz de la luna en los baños termales de Szechenyi. Pura decadencia centroeuropea de principios del s.XX. Te reto, alma mediterranea!!

  3. Pingback: Amantes | Ultimate Wanker Press

  4. Estoy harto de los románticos siglo 19. Lo digo por experiencia propia porque hasta hace poco yo era uno de ellos.
    Si aún tiene buenas carnes, aprovechalas sin análisis poéticos. (si aún la amas, debes buscar ayuda de algún profesional de la salud mental)

  5. Las ciudades tienen cuerpo, sangre y palpitan. Nos damos cuenta de nuestro amor, cuando ya no hay remedio posible. Atrapados en su mapa, somos como marionetas. Si somos capaces de recibir este amor y darle el nuestro, eso durará toda la vida. Igual que con las personas de carne y hueso. Precioso tu texto Chema y compartido hasta su último vericueto. Abrazotes!

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