No son gilipollas

teodoro-obiangTeodoro Obiang Nguema, el presidente de Guinea Ecuatorial, asistió ayer en Madrid al funeral de Estado por Adolfo Suárez. De hecho fue el único Jefe de Estado que lo hizo. De Madrid voló hacia Bruselas, donde esta mañana pronunciaba una conferencia sobre el español en África invitado por el Instituto Cervantes. La cosa no tendría nada de particular si no fuera porque Obiang es uno de los dictadores más sanguinarios del mundo. Accedió al poder en 1979 gracias a un golpe de estado militar que derrocó al anterior presidente (que curiosamente era su tío) y, desde entonces, gobierna Guinea Ecuatorial con mano de hierro. El régimen Obiang ha sido acusado en numerosas ocasiones de ejercer la tortura y violar sistemáticamente los Derechos Humanos por diversas organizaciones internacionales (entre ellas, Amnistía Internacional y Human Rights Watch). Unido a esto, la corrupción instalada en su gobierno deja a Bárcenas, “el Bigotes” o los responsables del fraude de los EREs de Andalucía como meros aficionados.

Pero no es de Obiang de lo que quería escribir hoy sino de las razones por las que el gobierno de España no impidió “al gran dictador asistir al funeral del gran demócrata”, como ironizó ayer la diputada de UPyD Irene Lozano. Según el diario “El País”, fuentes del Ejecutivo español explicaron que “no podían hacer nada para impedir la presencia de Obiang porque se invitó a las embajadas de todos los países con los que hay relación —Guinea está entre ellos— y éllas mismas decidieron qué representación enviar. Podía haberse vetado a Obiang, pero eso habría supuesto una grave afrenta a un país con el que España ansía obtener importantes acuerdos económicos.

Efectivamente, Guinea es un socio económico preferente. Una rápida búsqueda en internet me ha enseñado que Guinea Ecuatorial es el cuarto destino de la exportación española en África (les vendemos alimentos, bienes de equipo, semimanufacturas o piezas de automóviles, por ejemplo) y es un socio energético estratégico para España (en 2010 les compramos más de 1,5 millones de toneladas de petróleo por valor de unos 710 millones de euros). En ese mismo año, más de 50 empresas españolas estaban ya implantadas y desarrollaban su actividad en Guinea Ecuatorial, y ese número está en constante aumento. Para nuestras grandes empresas, Guinea Ecuatorial es un gran mercado: en materia de distribución eléctrica está prácticamente todo por hacer, de modo que su sector eléctrico ofrece grandes oportunidades para las empresas españolas que ya operan en otras zonas en la región.

Vamos, que las razones para invitar a Obiang a dar su charlita de esta mañana o para “no vetarle” en el funeral de Suarez fueron económicas. Las mismas por las que hace solo tres meses la Federación Española de Fútbol organizó un partido amistoso de nuestra selección en Malabo. Tampoco es una sorpresa: cualquier ciudadano mínimamente informado sabe que, en política exterior, la economía prima sobre la ética. A ver si no cómo iba a ser China el primer exportador del planeta y el líder del comercio mundial o Arabia Saudí uno de los principales aliados de EE. UU, por poner solo dos ejemplos. Es natural: “así son la cosas”, que diría Ernesto Sáenz de Buruaga, ¿no?

Pues no. No “son” así: “las hemos hecho” así, que es diferente. En nombre de la sacrosanta economía, hemos elegido que así sea (“hemos” como votantes, como país, como Occidente, como planeta). Podría haber sido al contrario. Podríamos haber decidido hace años (o siglos), o podríamos decidir en el futuro, que no se comercia con gobiernos que no respetan los Derechos Humanos. Que no se invita a dictadores. Que no se acepta en la comunidad internacional a gobiernos dictatoriales o corruptos. Pero no lo hicimos (¿lo haremos algún día?). No lo hacemos porque nos conviene que existan esos dictadores, esos gobiernos, esos países. Para fabricar más barato, deslocalizar nuestras empresas, controlar el mercado de materias primas o vender armas. Nos conviene. Y cuando nos conviene lo contrario, olvidamos que en China, Arabia Saudí o Guinea Ecuatorial se violan los Derechos Humanos todos los días y hacemos un bloqueo comercial a Cuba o invadimos Irak o Afganistán en nombre – ahora sí – de los Derechos Humanos.

¿Vosotros invitaríais a un asesino al funeral de vuestro padre? ¿O a dar una charla en vuestra casa? No, ¿verdad? ¿Entonces por qué nos comportamos como sociedad como no lo haríamos como individuos? Como ciudadanos, lo repudiamos; como país, nos conviene (y a casi nadie le escandaliza) que haya dictadores asesinos y no podemos hacerles el feo de vetarles en nuestros funerales porque los derechos humanos, con minúsculas, son menos importantes que la Economía, con mayúscula. No podemos hacerlo, aunque mediante estas invitaciones concedamos legitimidad internacional a sus regímenes y condenemos a los habitantes de esos países a seguir sufriendo el yugo de la represión y la tortura. No podemos hacerlo porque, como decía hace poco el ministro Montoro, “los mercados no son gilipollas“. Va a ser eso: a Obiang le invitaron los mercados, no el gobierno (que no pinta nada).

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One thought on “No son gilipollas

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