No puedo con el magyár

¡Vuelvo a Hungría! Faltan tres semanas y será solo por unos días, pero ya tengo billetes y estoy realmente entusiasmado. Viví en la ciudad de Szeged durante cuatro meses en el año 2010 y la verdad es que fue una época estupenda que siempre me trae a la mente buenos recuerdos profesionales y personales. Pero no todo iba a ser de color de rosa, y no lo digo por los problemas que tuve el día que llegué (aquí os conté hace tiempo cómo Bea y yo tuvimos que salir huyendo de un ático porno, entre otras divertidas aventuras… 🙂 ). Lo digo por el condenado idioma húngaro. Tendré que volver a pelearme con él y, creedme, eso son palabras mayores (más que mayores, larguíiiiiiiiiiisimas: mirad la foto, mirad…).

bahasaLos húngaros son la leche. Mira que hay lenguas fáciles de aprender y de chapurrear; pues ellos, a lo suyo. El bahasa indonesia, por ejemplo, está chupado. Cuando estuve en Jakarta y alrededores en 1996 me flipó que mi amiga María lo hablase tras unos pocos meses allí, y no porque María sea manca (de hecho, habla cinco idiomas y es una de las personas más inteligentes que conozco) sino porque la lengua de los indonesios tenía pinta de ser jodidilla. Pues nada de eso: además de utilizar el alfabeto latino (algo poco habitual en el Sudeste Asiático), tiene un vocabulario muy reducido y las palabras se construyen de una forma muy fácil y divertida. Casi parece de coña. Por ejemplo, kaus es camiseta; kaki significa pie. ¿Sabéis cómo se dice calcetín? Pues muy fácil: kaus kaki (¡”camiseta para el pie”!). ¿A que es encantador? Otra: jalan significa calle. ¿Qué significará jalan kaki? Pues sí: pasear (“calle-pie”, por supuesto). ¿Y jalan-jalan? Pues deambular, ¡qué iba a ser si no!… Por si todo eso fuera poco, no hay tiempos verbales ni tampoco género o número: todo en infinitivo, neutro y singular. ¿A que ser fácil?

No todas las lenguas son tan sencillas como el bahasa, pero aún así he podido hacer mis pinitos con algunas. El argentino, por ejemplo: no diría que lo domino pero me defiendo bastante bien (a pesar de las críticas e incluso burlas que mi dicción recibe por parte de S.O.L.E. y Paloma 🙂 ). Se parece mucho al castellano. Por ejemplo, ‘yo’ se dice sho, ‘camello’ se dice camesho, ‘sencillo’ se dice sensisho, ‘ayer el yayo llegó a Villajoyosa y llovía’ se dice asher el shaho shegó a Vishajoshosa y shovía, y así sucesivamente.

Lo único difícil de la lengua de Borges es la declinación. Sí, en singular: el argentino es más fácil que el latín porque hay una sola palabra que se declina. Se trata de una de las palabras más usadas por aquellos pagos: puta. Os la declino de corrido:

nominativo: puta
vocativo: laputamadre
acusativo: laputamadrequetereparió
genitivo: laputamadrequeterecontraparió
dativo: lareputamadrequeterecontraparió
ablativo: lareputísimamadrequeterecontramilparió

(Esta última palabra tiene además un record del mundo por ser la más larga que existe, superando a duros competidores del alemán y del mismísimo húngaro).

Al contrario que los habitantes de la Roma antigua, los argentinos no eligen la declinación según el caso gramatical o la función sintáctica de la palabra en la frase, sino que lo hacen dependiendo del grado de cabreo (bronca, como dicen ellos) que tengan. Si conocéis a alguno o alguna, lo habréis comprobado de sobra 😛 .

El francés, por seguir con los ejemplos, es fácil si conoces los trucos. Los franceses no te los cuentan para hacerse los interesantes pero, si los pillas, la lengua de Luis XIV resulta mucho más sencilla. Mi truco preferido es el de las vocales: si tienes dudas sobre la pronunciación de una palabra, pronuncia exactamente las vocales que no eeaustén escritas (y pon el énfasis en la última). Un ejemplo: ¿cómo se pronuncia foie? Pues [fuá]. ¿A que es sencillo? Otro: ¿cómo pronunciaríais eau? Pues [ó]. Aquí cabría la duda razonable de decir [ió], o incluso [oí] o [í], pero ¿a que nunca habéis oído decir en un anuncio de colonias “í de toilette” o “ió de toilette”? Pues eso… Por cierto: toilette se pronuncia [tualét], ¡cómo si no!. Preguntádselo a Françoise y veréis… (moi lo hice y me lo confirmó).

Pues hete aquí que, con la cantidad de idiomas fáciles que hay en el mundo, los húngaros han tenido que elegir el más complicado. Solo el nombre ya asusta: ellos no le llaman “húngaro”, sino magyár. ¡¡MAGYÁR!! Decidlo rápido y muy fuerte: ¿a que da miedo? Y la semántica es terrible: no tiene un solo truco y no hay similitudes con otras lenguas (salvo remotamente con el suomi finlandés: ¡vaya consuelo!).

Igual me tomáis por loco o por paranoico, pero os diré que después de vivir allí varios meses llegué a la conclusión de que en realidad el magyár NO existe: se lo inventan sobre la marcha mientras lo hablan (hacen como que lo hablan) para despistar y cabrear al personal extranjero. Tengo indicios racionales de que eso es así: jamás he oído la misma palabra dos veces, por ejemplo. Al final de mi estancia, y harto de que me tomaran el pelo, diseñé un experimento para probar mi hipótesis: le pedí a mi amigo László que contase hasta diez. Le pillé desprevenido, pero no se lo pensó mucho (evidentemente para disimular) y dijo nulla, egy, kettö, három, négy, öt, hat, hét, nyolc, kilenc, ti. No jodáis que no suena a inventada total (sobre todo lo de hat, hét… ¡venga ya! Le faltó seguir con hit, hot, hut).

ijfdlTres días después le pedí que repitiese la cuenta. El pobre, con cara de “me han pillado”, se puso pálido y balbuceó mula, elly, katö, három, nélly, köt, jat, jét, yolc, silence, ti. ¿Que se parece mucho a lo que dijo la primera vez? Bueeenooo… pero no es exactamente lo mismo. Para demostrarlo, apliqué el test t de Student (apropiado, dado el pequeño tamaño de la muestra, N=10 🙂 – chiste friki) y el resultado fue que los dos conjuntos de palabros presentan diferencias significativas entre sus medias (p<0.01), ergo se los inventó. Publiqué el resultado en la mejor revista científica del mundo sobre idiomas difíciles y me aceptaron el artículo. ¿Que qué revista era? Pues el International Jornal of F… bueno, aquí al lado tenéis la portada 😛

Suponiendo que el magyár exista (que ya es mucho suponer), lo complican a propósito. Por ejemplo: llenan las palabras de acentos abiértos, cerràdos, d´´obles, diëresis y otros símbolos de nombre desconocido… y total pa ná porque, estén donde estén las tildes varias, todas las palabras llevan el énfasis en la primera sílaba. ¡No veais el problema cuando hay más de doce! (en algunas palabras las hay, las hay…). Un día entré en una farmacia e intenté pedir fájdalömcsillapító (que quiere decir Gelocatil) y casi me asfixio: tuvieron que darme oxígeno y acabé llevándome Ventolín del ahogo que pillé.

Recuerdo que, al salir de Hungría para volver a mi querida España, esta España mía, esta España nuestra (¡me acaba de poseer Cecilia!), sabía decir 33 palabras en magyár. András, mi encantador anfititrón, me dijo algo que nunca olvidaré: “Ya sabes más palabras que mi perro” (le entendí porque me lo dijo en inglés, no vayáis a creer…). Ahora que ya han pasado cuatro años, algunas se me han olvidado y solo recuerdo diez. Como contribución a la causa de la humanidad, he decidido dedicar mi próxima entrada del blog (dentro de unos días) a definirlas. Así, si alguna vez vais por Hungría, podréis defenderos mínimamente en magyár, al menos para preguntar una dirección a algún perro callejero que no sea muy culto…

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7 thoughts on “No puedo con el magyár

  1. jejej, muy bueno!!
    A mí los idiomas me fascinan. Me parece tan curioso que cada región tenga una forma de hablar, de comunicarse… y mientras más difícil es el idioma más me interesa porque es imposible entender de dónde salen letras tan diferentes o reglas tan distintas de las “conocidas”. No me alcanzará la vida para estudiar todos los idiomas que quisiera saber. Pero lo intentaré.
    Tu t de Student es muy buena aunque hubiera preferido un doble ciego. Aquí, el investigador está muy involucrado en probar la hipótesis, jej. Aunque, claro, quién es el investigador que no lo está!!! 😀
    ¡chaucha! (saludo argentino, para que vayas ampliando el vocabulario ;))

    • Sí, la verdad es que lo de los idiomas es algo fascinante. Si el pensamiento racional se expresa mentalmente mediante palabras, ¿significa eso que los chinos y nosotros hemos desarrollado mecanismos de pensamiento muy diferentes? ¿Significa eso que saber más idiomas enriquece el pensamiento mucho más allá de lo obvio? Siempre he deseado aprender más idiomas pero me ha faltado tiempo y talento. Hablo inglés porque lo aprendí de pequeño y porque lo necesito para viajar y trabajar, y entiendo y chapurreo el catalán porque vivo en Valencia (y por Lluis Llach ;-)), pero ya está. El alemán, el italiano, el francés, el árabe, el ruso… ¿cómo será hablarlos y entenderlos? Nunca podré hacerlo y siento que me estoy perdiendo algo muy importante… En fin, siempre me quedará el argentino 🙂

  2. Jajajajajaj Hat het hit hot hut!!! Casiiiiii jajajaja

    Yo aprendí un poquito de sueco y casi muero, luego visité Finlandia y me rendí, así que las expectativas de aprender Magyár con nulas (por lo menos he aprendido que se dice magyár y no húngaro 😉 ).

    Nagyon jó sztori !

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