Cuatro días de Marzo

11m1362968737462Si no me equivoco (y desgraciadamente mi madre ya no está aquí para corregirme), la primera película con la que lloré no fue “Bambi” sino “Siete días de Enero“, de Juan Antonio Bardem. En ella se relatan los escalofriantes hechos que acaecieron en Madrid entre el 22 y el 28 de enero de 1977, incluyendo la muerte de dos estudiantes en sendas manifestaciones, el secuestro del  Teniente General Villaescusa  y, sobre todo, la llamada “matanza de Atocha” en la que cinco abogados laboralistas fueron asesinados por matones ultraderechistas en su despacho de la calle Atocha de Madrid. Si alguna vez alguien osa rodar una película llamada “Cuatro días de Marzo”, en referencia a lo ocurrido en España entre el 11 y el 14 de marzo de 2004, probablemente lloraré también porque ya lo hice en la vida real dos veces (que yo recuerde) durante esos días terribles.

11mEl 11 de marzo de 2004, a eso de las ocho de la mañana, mientras las bombas explotaban en Atocha (siempre Atocha…), yo desayunaba en mi casa de Valencia y me preparaba para viajar a Madrid esa misma tarde. Cuando escuché las primeras informaciones del atentado, que ya hablaban de decenas de muertos (al final fueron ciento noventa y uno) y varios centenares de heridos (finalmente mil ochocientos), se me atragantó el café, me quedé helado y calculé mentalmente la probabilidad de que alguno de ellos fuera familiar o amigo mío. Miles de personas cogen el cercanías a esa hora en mi ciudad y yo conozco a mucha gente allí (“Demasiada”, pensé entonces). Después puse la tele y, a eso de las 11, vi a Arnaldo Otegui – entonces líder de Batasuna – afirmar categóricamente, en rueda de prensa, que ETA no había cometido el atentado (lo podéis ver en este vídeo de medio minuto). Le creí: inmediatamente tuve la certeza de que esta vez los asesinos de ETA no eran responsables de la matanza. Resulta obvio decir que no creí a Otegui porque su palabra me merezca confianza alguna sino porque no tenía ninguna lógica que pocas horas después del atentado alguien que sabía lo que decía – por su vinculación directa con ETA – lo negara de esa forma tan rotunda. No tenia sentido: si ETA había reivindicado todos sus atentados (incluidos los más atroces, como el de Hipercor), ¿por qué iba a desvincularse de éste y de una manera tan inmediata?

En las horas siguientes, dudé. Como todos, supongo: al fin y al cabo, el presidente del Gobierno y el ministro del Interior de mi país decían que había sido ETA, y no tenían por qué mentir… ¿o sí?

Por la noche, a eso de las ocho y media y mientras yo enfilaba la M-30, comenzó a llover en Madrid. Era una lluvia fina y las gotas me parecieron lágrimas: Madrid me recibía llorando. Conduciendo por una ciudad casi desierta que tenía algo de fantasmagórica, lloré por primera vez en esos cuatro días. Lloré con mi ciudad herida y le dije que lo sentía en el corazón.

Dieciocho horas más tarde estaba en Fuente Dé, un pueblecito precioso de los Picos de Europa, vistiéndome para ir a la boda de mi amiga Cecilia. En el hotel había antena parabólica y podíamos ver la CNN y la BBC, entre otras cadenas internacionales. Mientras en la 1, Tele 5 o Antena 3 hablaban de la autoría de ETA (36 horas después de la matanza) y la televisión pública de Urdaci ofrecía un reportaje sobre atentados pasados de los matones vascos, en la CNN y en la BBC (lógicamente centradas al 100% en lo que pasaba en España) hablaban de Al Qaeda y del terrorismo islamista (con algún reportaje sobre Bin Laden también). De ETA, ni palabra. En ese momento, mientras Aznar y Acebes seguían diciendo que era ETA y millones de españoles se manifestaban en las principales ciudades con lemas alusivos a la banda terrorista vasca, grité con todas mis fuerzas “¡¡¡Poned la CNN!!!” a ver si me oían en Madrid, pero mi voz se perdió, entre ecos y nieblas, en los valles profundos de Cantabria.

Veinticuatro horas después estaba de nuevo en Valencia tras conducir 8 horas sin parar. Tenía que llegar a votar como fuera antes de que cerraran los colegios electorales. Me impulsaba la impotencia de esos días y también la rabia de los últimos meses. Cuando a partir del año 2000 – recién estrenada su mayoría absoluta – Aznar se quitó la careta de político dialogante (¿alguien le creyó?) y su mano-que-no-le-temblaba empezó a repartir decretazos a diestro e invasiones de Irak a siniestro (todo pringado de pegajoso chapapote), empecé a ahogarme y decidí que nada ni nadie debía impedirme votar en las elecciones generales siguientes. Por si eso fuera poco, mi indignación por la gran mentira (digna de protagonizar un capítulo de la “Historia universal de la infamia” de Borges) fabricada por el gobierno de mi país en aquellas trágicas horas apretaba mi pie contra el acelerador con más fuerza todavía.

11mAtocha_Station_makeshift_shrine_march_2004Llegué a tiempo. Voté y de ahí me fui directo a casa de mis padres. A las nueve y un minuto de la noche del día 14 de marzo de 2004, cuando Iñaki Gabilondo dijo por la radio aquello de “Cerrados ya los colegios electorales en Canarias, podemos afirmar que, según el sondeo de Metroscopía, el Partido Socialista ha ganado las elecciones”, tuve que volver a oírlo tres veces más para poder creerlo. Ni yo ni (casi) nadie lo esperaba. Dos horas y media después, cuando José Luis Rodríguez Zapatero pidió un minuto de silencio por las víctimas antes de hablar por primera vez como presidente electo, lloré por segunda vez en esos cuatro días. Fue un llanto liberador y sentí que, mezcladas con las lágrimas, por mis ojos escapaban la rabia contenida de cuatro largos años y la angustia atragantada de cuatro largos días.

Al día siguiente, al abrir la ventana de mi casa, entró una brisa fresca que me renovó por dentro y por fuera. Pero ellos, los 191 viajeros de los trenes de Atocha, ya no estaban para respirarla. Cerré los ojos, levanté la cara y respiré. Respiré por mí, y también un poco por ellos. Dondequiera que estuviesen. Dondequiera que estén.

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5 thoughts on “Cuatro días de Marzo

  1. De mi amigo 🙂 Rafael Amor, publicado hoy en su muro de Facebook…

    Diez años después…….

    Madrid Atocha
    Buenos Aires 12 de marzo del 2004
    En memoria de las víctimas del atentado de Atocha – Madrid

    Este dolor tan duro que aquí me crece
    como un árbol erizado por las espinas,
    enraizado en mi carne y en la congoja,
    cuajado en el insomnio y sus flores negras
    que riego con lágrimas amargas y silenciosas.
    Este dolor hoy se llama Madrid, Atocha,
    retorcido entre rieles y desgarrados “ayes”
    de crispadas sirenas, estallidos de sangre
    y el signo de pregunta de los andenes.
    Ya vengo mal herido de mil dolores
    del ahogo de muerte que nos circunda
    veo los ojos perplejos de la inocencia
    como astillados cristales por la locura.
    El rodillo imparable de la mentira
    y el dios de los hipócritas en la basura.
    Me sube desde el tuétano la “espumabronca”
    me quema la garganta, lacera el pecho.
    Uno vive a la orilla del alarido
    como con un filoso cuchillo en la boca.
    Yo se quién empuñó primero la guadaña,
    las bombas margaritas que segadoras
    tronchan vidas a flor de infancia.
    Se quiénes se ceban en los pueblos con tanta saña
    y se cual es esa fiebre bestial que los empuja.
    El llanto del verdugo ya no me engaña
    y sé que los que mueren son siempre pobres,
    en Palestina, en Kosovo, en Kabul, en Bagdad,
    en el África, América y España…

    Rafael Amor

  2. Terrible. No hay palabras para describir ese horror.
    Esa mañana yo estaba aún en Argentina y ni soñaba con vivir por estos lados. Comía en la casa de unos amigos cuando dieron la noticia en la tele. No pudimos seguir comiendo. El dueño de casa tenía una hermana viviendo en Madrid. Hasta unas horas después que ella se comunicó para decir que estaba bien ninguno de nosotros pudo casi respirar. Era fácil imaginarse el dolor y la incertidumbre de los miles de familiares y amigos que esperaban noticias ese día.
    En Argentina nunca se habló de ETA. Desde el primer momento se habló de al qaeda.
    Además de la tristeza de tantas pérdidas, es triste pensar que a pesar de hablerlo pagado caro, aznar nunca haya asumido ninguna responsabilidad…

    • Leti, tu comentario había caído en la carpeta de spam (¡está claro que el robot clasificador no te conoce bien! :-)). Sí, fue terrible. Fue el primer atentado que sentí muy cercano, y no por su autoría (el dolor es el mismo) ni por su magnitud, sino porque fue indiscriminado y dirigido a gente corriente como yo, como un amigo, un primo o una abuela. Cualquiera podía ir en esos trenes. Y lo que dices de que en Argentina nunca se habló de ETA es coherente con lo que yo veía en la CNN y la BBC… En cualquier caso, y como se ha dicho ya muchas veces, que una cosa así nos dividiese (a los españoles) en lugar de unirnos es un síntoma grave de que la sociedad española está enferma. Las dos Españas de Machado sigen vigentes…

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