10 de diciembre

En mi país, todo el mundo sabe que el 19 de marzo se celebra el día de San José y es el día grande de las Fallas de Valencia. También que el 6 de diciembre es el día de la Constitución y que el 12 de octubre es el día de la Hispanidad (día de la Raza, lo llaman de una manera nada eufemística en algunos países de América Latina). Nadie olvida que el 11 de septiembre cayeron las torres gemelas.

¿7 de julio? ¡San Fermín! ¿14 de abril? ¡¡Salud y República!! ¿18 de julio? ¡Arriba España! ¿11 de julio? Hombreeeeeee… ¡ese día ganamos el Mundial! ¿10 de diciembre?

¿10 de diciembre dijo? ¿No fue cuando Messi marcó cuatro goles a Osasuna?

¿No?

Mire, ni idea.

El 10 de diciembre es el Día de los Derechos Humanos, aunque nadie parece saberlo y a pocos parece importar. Y a mí pues me extraña, oye, porque debería ser un día celebrado por todos, ¿no? En 1950, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 10 de diciembre como Día de los Derechos Humanos para celebrar que exactamente dos años antes se había firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos como ideal común de todos los pueblos y todas las naciones. Aquí podéis encontrar la Declaración completa y aquí podéis descargaros un facsímil del acta original en castellano (un buen documento histórico para tener en el ordenador).

Hace 67 años que se firmó la declaración de derechos más importante de la historia (no en vano afecta a TODOS los seres humanos independientemente de su nacionalidad, raza, idioma, religión o sexo), pero los derechos fundamentales se siguen violando, en mayor o menor medida, en muchísimos países del mundo. Todos los años, Amnistía Internacional publica un informe anual donde se describe de manera exhaustiva la situación de los derechos humanos en los diferentes países del planeta. En 2015, el informe (que podéis descargar gratuitamente aquí) tiene 368 páginas. Escalofriante.

A lo largo del año 2014, Amnistía Internacional  registró e investigó abusos contra los derechos humanos en 159 países y territorios de los cinco continentes. En 12 países el estado torturó a sus ciudadanos. 101 países reprimieron el derecho de su ciudadanía a la libertad de expresión. 80 países sometieron a personas a juicios injustos y sin garantías procesales. En 57 países se detuvo a presos de conciencia. En 21 países se aplicó la pena de muerte (en EE. UU. se ejecutó a 43 personas y en China a miles – ¡MILES! – de ciudadanos). Las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado cometieron homicidios ilegítimos en tiempos de paz en 50 países. En 36 países, hombres, mujeres y niños fueron desalojados de sus viviendas (eso nos suena en España, ¿verdad?). En 31 países hubo desapariciones forzadas. En 2014, 15 millones de personas estaban registradas como refugiados, desplazados de sus hogares y de sus países, muchos de ellos viviendo en campos de refugiados.

A pesar de que la situación de los Derechos Humanos en el mundo ha mejorado en los últimos años en algunos aspectos (por ejemplo, más de dos tercios de los países del mundo han abolido la pena de muerte), la situación es intolerable en países como Afganistán, Iraq, los Territorios Ocupados, Somalia, Nigeria o Pakistán, por citar algunos ejemplos. Por supuesto EE. UU. y Rusia no se libran (como tampoco se libran Cuba o México). España tampoco está limpia… pero mejor leedlo en el informe vosotros mismos.

Pero la palma se la lleva China. En el informe anual de Amnistía, siempre ocupa más páginas que EE. UU., que ya es decir. Año tras año es uno de los países donde se registran las mayores violaciones de derechos humanos en número y en gravedad. Sin embargo, nadie adopta sanciones contra el país asiático. Nadie aprueba embargos contra China. Nadie les acusa en foros internacionales (o, si lo hace, es con la boca pequeña). Campan a sus anchas en el Consejo de Seguridad de la ONU como miembro permanente.

Al contrario, todo el mundo parece admirar a China. Por sus resultados económicos, su modelo de producción y las oportunidades que ofrece, China es el futuro y por eso, por ejemplo, hay que aprender chino: quien no lo hable dentro de 10 años no podrá hacer negocios. Además los chinos compran nuestra deuda pública, con lo que nos ayudan a crecer: son estupendos.

Poco importa que el sistema político chino sea un régimen de terror y que allí los derechos humanos sean “un cuentito” (como decía Pinochet que, por cierto, murió un 10 de diciembre). Da igual que los ciudadanos chinos tengan que sufrir una dictadura ferrea donde existe censura, detención arbitraria, falta de libertad de expresión y asesinato legal. Lo que importa es que China es un gran mercado y por eso hay que ponerles la alfombra roja. No, si al final va a tener razón Montoro: China no cambiará porque lo que importa son los mercados y los mercados no son gilipollas.

mano_DDHH

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4 thoughts on “10 de diciembre

  1. En Venezuela y Nicaragua el 12 de octubre es el día de la resistencia indígena, que es más como el día de la raza ¿Qué tal?:) …. Me encantó este post, al fin y al cabo, esto de los derechos humanos no son propiamente tales porque no hay mecanismos que castiguen su incumplimiento y de está forma, los garanticen.

    Yo estuve muy en desacuerdo con que en 2008 se hiciesen las olimpíadas en China, para mí fue como decirles que podían hacer lo que se les viniera en gana y que ni feo los íbamos a mirar :P. Un saludo, Chema!

    • Vaya, no sabía que en Nicaragua y Venezuela se llamaba así, pero lo celebro 🙂 Y lo de que no hay tribunal que los garantice, es cierto. Ojalá algún día la Corte Penal Internacional, que se creó supuestamente para eso, sea de verdad eficaz. Y con lo de China, totalmente de acuerdo: la hipocresía de Occidente con ese país me da bastante asco…

  2. Me cuesta siempre hablar de este tema porque me recuerdas cosas muy tristes pero una en especial: en plena dictadura en Argentina, una comisión llegó al país a investigar las denuncias sobre desaparecidos y torturas. Entonces el gobierno inventó un slogan que se vendía plasmado en banderas y en pegatinas para el coche. El slogan decía: “En la Argentina somos derechos y humanos”.
    Por eso siempre que alguien dice “derechos humanos” no puedo evitar el pellizco en el estómago. Me gustaría inventar otro nombre porque creo que ese ya está gastado… (también me gustaría creer que existen los derechos “humanos”)

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