Nelson Mandela

“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel”
Nelson Mandela (1918-2013)

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Hace mucho tiempo (más de dos meses) que no escribo en el blog. Resumiré las razones diciendo que he tenido un otoño muy complicado y añadiré que, afortunadamente, parece que vuelve a soplar una leve brisa de principio de invierno. Llevaba algunos días coqueteando con la idea de volver a escribir algo cuando tuviese tiempo y ahora, subido en este tren que me lleva hacia el norte (sucio, como el de la canción de Sabina), tengo por delante un ratito tranquilo para escribir sobre Nelson Mandela (Madiba, como le llamaban cariñosamente los de su tribu) y así retomar el blog.

Llevábamos ya meses sabiendo que su luz se apagaba, pero quiso el destino que fuera ayer cuando murió pacíficamente (¿cómo iba a morir si no?) en su casa de Johannesburgo. Hay un dicho popular según el cual “siempre se nos mueren los mejores”, pero no es verdad: nos morimos todos, los buenos, los malos y los regulares. El problema es que, en política, de los buenos cada vez quedan menos y por eso la muerte de Mandela es especialmente dolorosa. En tiempos en los que presiden gobiernos personas que reciben sobres de dinero negro y miran para otro lado cuando les descubren, administran ministerios auténticos ineptos y verdaderos cafres que dicen que unas cuchillas que cortan manos a seres humanos que buscan un lugar mejor para vivir dignamente “no son agresivas”, dirigen organizaciones políticas gentecillas incapaces y vergonzosamente partidistas, gestionan esos u otros partidos tesoreros encarcelados por corrupción, dirigen países espías que entran en nuestro correo electrónico, y deciden el destino del mundo no más de cien o doscientas personas – banqueros y grandes empresarios – que nadan en ríos de oro fundido con la sangre de millones de seres humanos explotados, harían falta más que nunca referentes políticos como Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, Martin Luther King o Salvador Allende. Ya no están pero lo peor no es eso: lo peor es que no aparecen los sucesores.

Cuando allá por 1988 empecé  a colaborar activamente con Amnistía Internacional (en aquel pequeño local de Margarita Valldaura… Agustín, Consu, ¿estáis por aquí?), me sorprendió que Nelson Mandela, que entonces ya llevaba 25 años injustamente encarcelado, no estuviese considerado como “preso de conciencia” por la organización humanitaria. La razón – me explicaron – es que para Amnistía Internacional un preso de conciencia es aquella persona que está encarcelada por razones políticas, religiosas, de procedencia étnica, sexo, orientación sexual, color de la piel o idioma, siempre que no haya hecho uso de la violencia ni abogado por ella. Y resultaba que Mandela sí había abogado por la violencia como vía para acabar con el régimen de apartheid cuando era dirigente del Congreso Nacional Africano en los años 60, por lo que quedaba automáticamente excluido de esa categoría. Yo me debatía en esa época en el eterno dilema moral de si la violencia puede ser considerada en casos extremos – y es difícil encontrar algo más extremo que el apartheid – como un método legítimo para terminar con una situación de flagrante y grave injusticia, y cada combate dialéctico contra mí mismo terminaba igual: vencía inevitablemente mi pacifismo. Admiraba a Mandela de una manera ferviente, pero me alegraba de que Amnistía no considerase a Mandela preso de conciencia porque eso no era sino una manifestación palpable de la imparcialidad de la organización: la única manera de luchar por los Derechos Humanos de manera creíble es no hacer excepciones, ni siquiera en casos como el de Mandela. Eso sí, nadie en Amnistía dudaba de que Madiba estaba injustamente encarcelado por un régimen de terror y debía ser liberado de inmediato.

Puede que en su juventud Mandela abogara por el uso de la violencia en caso de resultar necesaria, y puede que el prisma de su compleja personalidad tuviese múltiples caras, pero creo que Madiba tiene que ser indudablemente considerado como uno de los grandes hombres de la Historia (con mayúscula) de la Humanidad (con mayúscula). Nadie como él ha sabido encarnar, desde una posición de poder como la que disfrutó cuando fue elegido presidente de Sudáfrica en 1994, el valor de la reconciliación como vía para construir un país justo e igualitario. Después de 27 años encarcelado por un régimen que propugnaba (y practicaba de manera cruel mediante leyes aberrantes) la superioridad de la raza blanca sobre la negra, cualquiera se hubiese vengado de manera más o menos velada al alcanzar la presidencia. En lugar de dar la vuelta a la tortilla, Mandela tendió puentes a los blancos. Les trató con el respeto con el que ellos nunca le trataron ni a él ni a los de su raza. Jamás aprobó una ley que contuviese ni un solo atisbo de venganza. Mantuvo en su puesto a funcionarios blancos como cargos de confianza política en lugar de despedirles. No derogó el himno nacional de letra claramente racista sino que lo mantuvo, añadiendo – eso sí – el N’kosi Sikelele (canción reivindicativa de la Sudáfrica negra) como himno co-oficial. Como símbolo de reconciliación, consiguió que la gente de su raza apoyase al equipo nacional de rugby (formado exclusivamente por blancos) en la Copa del Mundo celebrada en su país, lo que culminó con una conmovedora escena en el estadio nacional: toda la grada, mayoritariamente blanca, gritando emocionados a coro “¡Nelson! ¡Nelson!” después de que Sudáfrica ganase en la final a Nueva Zelanda.

Mandela se ganó el respeto de todos y demostró que la magnanimidad debe ser la guía suprema de un dirigente político digno.

Igualito que los nuestros…

Mandela ha muerto y hoy el mundo es un lugar un poquito peor para vivir. Con tanto dirigente político de pacotilla poblando los puestos de responsabilidad del planeta, necesitamos más Mandelas para alimentar la esperanza de un mundo mejor. El problema es que yo ya no veo Mandelas por ningún lado. Si conocéis a alguno, decídmelo, por favor. Quizá así la brisa de principio de invierno llegará un poco más fresca y me ayudará a despejar mi desasosiego.

PD ¿Puedo pedirte algo, Madiba? Si paseando por el más allá te encuentras a una mujer argentina llamada Marta Susana, alegre, con una enorme sonrisa puesta, quédate un rato con ella, disfrútala y dile que la extraño. En la vida y en el blog.

mandela

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7 thoughts on “Nelson Mandela

  1. Sí, desde hoy el mundo es un lugar un poco peor…

    Lo triste es escuchar a los políticos diciendo lo maravilloso que era Mandela y cómo habría que seguir su ejemplo. Y después de acabar su discurso bien preparado vuelven a sus vidas de siempre olvidando ipso facto lo que acaban de decir del ejemplo. Suerte que entonces veo a blancos y negros bailando en África para despedir a Madiba y sé que todo su esfuerzo no fue en vano.

  2. Gracias, Chema por tan sentido homenaje a Madiba!
    Gracias por volver al blog. Te extrañe mucho, por favor no te alejes muchos dias!

    Especial agradecimiento por video del real himno africano!
    Ves que sos un sol?

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