Madrid, claro que sí

Madrid, claro que sí” es uno de los lemas de mi pueblo. Hay otros, como “Madrid me mata” o “De Madrid al cielo“, y yo los suscribo todos porque sigo sintiéndome madrileño a pesar de no haber dormido allí cinco noches seguidas desde hace treinta años. En los últimos días, todos esos lemas fueron arrinconados por ese “Madrid 2020” que sintetizaba el deseo de muchos españoles de que el Foro fuese sede olímpica en 2020.

Madrid_2020-logoHoy ese deseo se truncó porque Madrid fue eliminada a las primeras de cambio en la votación del Comité Internacional Olímpico. Supongo que les sorprendería a todas esas personas que suelen gritar eso de “Yo soy español, ¿a qué quieres que te gane?” y que parecen ser mayoría en este país. Los medios de comunicación y los poderes públicos se habían encargado estos días de convencer a casi todos de que los Juegos de 2020 iban a ser para Madrid, porque sí, porque “somos los mejores”, porque “nos lo merecemos”, porque “ya toca”, porque “hemos hecho los deberes” y por todas esas razones falaces con las que se intenta unir a la ciudadanía en tiempos de crisis.

En mi humilde opinión, la derrota en la carrera olímpica debería tener efectos muy positivos. En primer lugar, supondrá, a buen seguro, un ahorro de dinero público considerable. Nos querían convencer de que ser sede olímpica reactivaría la economía y crearía puestos de trabajo – entre otros mantras -, pero nadie hablaba de lo que hubiese costado a las arcas públicas. Desafortunadamente, en la Comunidad Autónoma donde vivo tenemos experiencias muy recientes de los ruinosos resultados económicos de la organización de “grandes eventos” (el Gran Premio de Europa de Fórmula 1 en Valencia o la Copa América, entre otros) y del vacío y las deudas (públicas, por supuesto) que dejan detrás cuando terminan. Que Barcelona 92 fuese un éxito no es ejemplo: era otro momento histórico y económico. Además, si tenemos que reactivar la economía a golpe de Olimpiadas, vamos listos…

En segundo lugar, la derrota debería hacer pensar un poco a los madrileños. En 2005 y 2009, Madrid también fue derrotada (por Londres y Río de Janeiro, respectivamente). Si en tres ocasiones consecutivas Madrid se queda sin Olimpiadas, eso debe ser por algo, digo yo… Parece que la “Marca España” no vende y habrá que analizar por qué. Habrá que pensar, por ejemplo, que no ofrecemos la confianza suficiente, que la imagen que proyectamos al exterior no debe ser muy buena, o que los dirigentes madrileños (y, por extensión, españoles) no son todo lo convincentes y confiables que deberían ser. Y diciendo esto soy suave porque, por ejemplo, la actual alcaldesa (a la que, por cierto, los madrileños no han elegido) es absolutamente impresentable. Da vergüenza ajena oírla hablar en público (en castellano; en inglés ya es de suicidio colectivo).

En tercer lugar, quizá ahora volvamos a pensar en lo importante y lo urgente. Vivimos en un país que se desmorona. Tenemos un estado del bienestar que hasta hace poco era una de las envidias de Europa y ahora se está desmantelando. La Sanidad gratuita, la Educación pública y el sistema de pensiones están dejando de existir, “suicidadas” por el gobierno, en particular, y por la clase política, en general. Si no lo paramos ahora, sufriremos las consecuencias durante décadas. El partido del gobierno está podrido por la corrupción, y los otros no le andan a la zaga. El desempleo es del 27% y sigue subiendo. Mientras ocurre todo esto, miles de personas se lanzan a la calle a gritar “Yo soy español, español, español” y se vuelven a casa cabizbajos porque Tokio, y no Madrid, organizará los Juegos de 2020. Aquí pasa algo, y algo grave…

Después del “palo” de hoy, y tras tanta exaltación de lo estupendo que es ser español (básicamente por ganar un Mundial de fútbol y otras banalidades semejantes), habrá que ser, por una vez, un poquito autocríticos. Para salir de la crisis económica, ética y política en la que estamos y para decidir (entre todos, a ser posible) qué modelo de país queremos ser, no hay nada peor que los triunfalismos fútiles y las exaltaciones patrias sostenidas sobre proezas superficiales. Yo no quiero ser el primero en fútbol, sino en derechos sociales, ni ser sede olímpica sino sede de conferencias de paz. No quiero estar alto en ningún medallero que no sea el del IDH (Índice de Desarrollo Humano). En todas esas cosas estamos bastante atrás, pero a pocos parece importarles… Y cuando todo esto se consiga, entonces me alegraré (más todavía) de las victorias de Fernando Alonso o de las paradas de Íker Casillas.

En cuarto lugar, quizá esto sea la tumba política de una alcaldesa que da pena, que nunca ha sido elegida por el pueblo para el cargo y que ha sido protagonista de meteduras de pata lamentables e intolerables. Cuando era concejala ya dejó algunas perlas, pero desde que le regalaron la alcaldía por seer vos quien sois está sembrada (muestras de ignorancia como ésta, por ejemplo, son intolerables en un mandatario público). Ojalá se vaya a su casa a jugar al bridge con sus amigas de la alta sociedad: ella lo pasará en grande y Madrid estará mucho más bonita sin ella.

No creáis: en el fondo, me resulta difícil alegrarme de que Madrid no organice los Juegos. Hay una parte de mí que hubiese disfrutado de que en los próximos años la ciudad que tanto amo se mostrase al mundo en un escaparate de lujo, pero si mi vanidad superase a mi conciencia no podría sentirme ciudadano. Además, sin los juegos de 2020, Madrid seguirá siendo una ciudad bonita, integradora de culturas y deliciosamente pueblerina, y seguirá teniendo los atardeceres más rojos del mundo. La Puerta de Alcalá seguirá ahí, y la Cibeles no digamos. Ya no será “Madrid, veinte-veinte”: volverá a ser “Madrid, claro que sí“, que me gusta más. Yo, con Juegos o sin ellos, la seguiré disfrutando.

PD Dirigentes madrileños: espero (y exijo) que no se les ocurra volver a intentarlo para 2024. Con tres fracasos es suficiente (y resulta demasiado caro).

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6 thoughts on “Madrid, claro que sí

  1. Sí, un gasto menos. Claro que ahora habrá que recuperar el dinero “invertido” en la “frondosa” delegación que viajó a Buenos Aires… Por no hablar de los gastos que produjo la candidatura.
    No estoy tan de acuerdo en que lo de Barcelona haya sido un éxito. Quizás lo fue en su momento, pero pasear ahora por la zona olímpica produce mucha desazón. Demasiado abandono y poca (¿ninguna?) utilización de las infraestructuras que se levantaron sólo para un mes de juegos y diversión…
    Me recuerda el estadio que se construyó en Mendoza para el mundial de fútbol 78, un estadio que costó mucho dinero en una época que mejor no recordar, y que quedó prácticamente abandonado hasta que sirvió de facultad de derecho improvisada. No es que transformaron el estadio en facultad, sino que el estadio como tal sirvió de facultad. Mi hermana estudió allí, clases en los vestuarios o en las salas de prensa… Una vergüenza que duró muchos años. Así terminan siempre, o casi siempre, estos e prendimientos millonarios…

    • Cuando los poderes públicos tratan de desbordar el entusiasmo de la gente con el deporte con el evidente fin de ocultar la dura realidad de un país, siempre pienso en Argentina 78. “Fue cuando el fútbol se lo comió todo”, que cantaba Leon Gieco, ¿no? Salvando las kilométricas distancias (por fortuna en la España de 2013 no hay desaparecidos, torturados ni militares), eso pasa hoy en mi país. Lo que ceuntas del estadio de Mendoza ya lo había oído antes. Salvando, de nuevo, las distancias, los galpones que sirvieron de lujosas sedes de los equipos de la Copa América en el puerto de Valencia están abandonados y ni siqueira se utilizan como facultades…

  2. Estuve hace unos días, en agosto en Madrid, voy unas dos veces al año para ver alguna exposición de arte. Solo puedo decir que me alegré que, de nuevo, Madrid no fuera elegida. El dinero público hay que invertirlo en otras, y un país como Italia, cuya corrupción parece ser mayor aún que la de España (está en un lugar aún más bajos en el Indice de Transparencia internacional), la ciudad de Roma retiró la candidatura.
    Todo lo demás que dices lo suscribo.

    • Totalmente de acuerdo con lo que dices, Hesperetusa. Hablando de transparencia, ¿nos enteraremos alguna vez de lo que ha costado la fiesta? (o, mejor dicho, las tres fiestas: 2005, 2009 y 2013). Encantado de que te pases por aquí. Un saludo.

  3. De acuerdo con Leti. Los juegos no son la panacea, aun menos la loteria que resuelve la economía. Muuuuuuuy al contrario, y como muestra, los Juegos de Montreal 1976. Debieron haber costado en los 180 millones, sobrepasaron los 2000 con los intereses y seguimos pagando impuestos en cantidad de productos que van a la deuda. Que payasada!!!!!!

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