Fronteras de Buenos Aires

Ligera (solo ligera) dramatización y caricaturización de mi última entrada en Argentina.

Buenas tardes.

Buenas.

El funcionario/policía, dentro de la cabina número 17 del control de inmigración del aeropuerto de Ezeiza, mira mi pasaporte con parsimonia.

¿De trabajo – no dice “de laburo” – o de vacaciones? – no dice “de paseo”, tratando de hablar en español internacional.

De paseo – no digo “de vacaciones”, tratando de hablar en argentino porteño –. Vengo a pasar unos días con la familia de mi novia, que es de acá – digo “acá” y no “aquí” –,  y también a ver a unos colegas de laburo.

¿Pero laburás acá? – insiste, pasándose al porteño.

No, no, en España, en la universidad, pero tengo contactos con gente de universidades argentinas…

Mi hijo arranca con la carrera este año. Va, el ingreso. Ingeniería.

Vaya, yo doy clase de ingeniería biomédica.

¿En serio? Mirá vos… – me dice con gesto de complicidad. Pausa – ¿Y dónde se quedará en Argentina, José María? – vuelve a llamarme de usted.

En Tapalqué, que es el pueblo de mi novia, y en Buenos Aires, en…

Dudo.

¿No sabe la dirección?

No, bueno, en casa de una amiga, en Barrio Norte, creo, cerca del Alto Palermo… – contesto algo nervioso, maldiciendo no haber sido lo suficientemente previsor como para llevar la dirección apuntada. No sé aquí, pero esto me pasa entrando en EE. UU. y automáticamente me deportan después de interrogarme en un cuarto oscuro.

Una prima de mi señora vive cerca del Alto Palermo. Se llama… Se llama… ¿cómo mierrrda se llama la prima? – se queda en blanco durante diez segundos – Va, no sé… Pero ese lugar no está en Barrio Norte sino en Recoleta. O en Palermo, qué se yo. Ni nosotros mismos sabemos cuáles son los barrios…

Sonrío. Discutir acerca de dónde termina o empieza un barrio es uno de los pasatiempos favoritos de los porteños…

Una foto, José María… – dice, algo picarón, girando la webcam un poco hacia la derecha.

Chema – me atrevo a puntualizar, tras escuchar el “clic”.

¿Cómo?

Chema. Es José María, pero me llaman Chema.

Mirá vos… No es muy común acá. Chema, digo, no el usar otros nombres, sí usamos otros nombres. Yo soy Ernesto, pero me llaman “el Cacha”, “el Cacha Fontana” – dice casi orgulloso, moviendo la cara de un lado a otro para mostrarme las mejillas (“cachetes”) de topo.

Sí, sé que acá eso es muy común. Mi novia siempre me dice que de haber nacido en Argentina yo sería “el Cabezón Ferrero” o “el Naso Ferrero”.

¿Eso le dice? ¡Tampoco la pavada! ¡Para ser “el Cabezón” le falta bastante! “El Naso”, todavía… – sonríe simpático.

“Tú tampoco andas corto de nariz”, pienso mientras me río.

Bienvenido a la Argentina, Chema Ferrero – me dice mientras estampa mi pasaporte.

Gracias. ¡Chau!

Abandono la cabina, y a los tres pasos me grita:

¡Cecilia Bianchi!

¿Cómo dice?

La prima de mi señora, la que vive en Barrio Norte. Se llama Cecilia Bianchi.

Sonrío y sigo andando. A los dos metros me doy la vuelta y le digo:

¡Bilinghurt 2726! ¡Entre Juncal y Agüero!

¿Cómo dice?

La dirección donde me quedo en Buenos Aires. ¡Me acordé!

frontera

PD Mi entrada en Nueva York con S.O.L.E., solo tres días antes, no fue tan agradable. Otro día lo cuento. Besos.

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13 thoughts on “Fronteras de Buenos Aires

  1. “Bienvenida a la Argentina” es lo que me digo yo cada vez que cruzo inmigración.
    Yo podría contarte varias. ¡Y sin novelar!
    La última no te la cuento por aquí porque es muy larga pero digamos que si no fuera por Messi y una página web de ventas en oferta no logro entrar al país ni a tiros!! 😀

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