Librerías de Buenos Aires

No puedes venir a esta ciudad y no recorrer sus librerías. Es obligado e inexcusable. Se cuentan – literamente – por cientos y las hay de todos los tipos, estilos y temáticas. En Corrientes o en Avenida de Mayo, en Santa Fe o en Florida. Algunas son antiguas y rebosan solera, otras son modernas y venden los últimos éxitos editoriales. En algunas se venden libros, en otras se “compra-vende”. Algunas son enormes, otras pequeños cuchitriles, otras son todo escaparate para que el viandante curioso pueda ojear los libros casi sin detenerse a cualquier hora del día o de la madrugada…

Entrar en la librería El Túnel, a menos de dos cuadras del Café Tortoni, es como hacerlo en un lugar sagrado: ediciones antiguas de Borges comparten polvo y estantes de madera añeja con números atrasados de “Sudestada”. Allí compré, hace una década, mi único incunable: una primera edición de “El Túnel” (¿cuál si no?) del maestro Sábato. Lo guardo como un tesoro.

En la esquina de Bolivar y Alsina, muy cerca de la Plaza de Mayo, está la librería más antigua de Argentina y, probablemente, de las más antiguas del mundo: la Librería de Ávila. Se inauguró en 1785, antes de la revolución francesa y poco después de la independencia de los EE. UU. Conserva toda la atmósfera del siglo de las luces, con toda la rotulación a mano y los libros colocados ordenadamente en estantes de madera de roble. Lo más sorprendente y delicioso es que los dependientes, que también parecen sacados del siglo XVIII, escriben a mano las facturas cuando compras un libro. Se colocan las gafas (sujetas al cuello por un cordel), sacan un librito de facturas de un cajón (cuya madera cruje al abrirse), destapan una pluma de color negro, escriben parsimoniosamente todos los datos del libro, arrancan la hojita con sumo cuidado, se quedan con la copia hecha con papel carbón, te entregan a ti el original, cierran el librito y vuelven a colocarlo en el cajón. La ceremonia, deliciosa, dura más de dos minutos. Sólo por eso vale la pena entrar y comprar. Y si el libro es de Benedetti, más todavía…

En El Ateneo, desde donde escribo esto, un antiguo teatro se convirtió en libreria hace ya varios años. “Novela, autores extranjeros”, en un palco; “Filosofía y ensayo”, en el entresuelo; “Historia y política argentina”, en la platea. En las tablas del escenario, detrás del inmenso telón de color “bordó“, hay mesitas para tomar café (quizá un “cortado en jarrito”) y comenzar a leer con avidez ese libro que acabas de comprar cuando te vence la ansiedad y no puedes esperar a llegar a casa.

Me decía una vez una amiga que uno de sus sueños incumplidos era quedarse encerrada (¿quizá de noche?) en una librería. Yo hoy he decidido que elegiría El Ateneo: se apagarían las luces y fantasmas de personajes de Molière o Cuzzani, saliendo de un rincón oculto del escenario, me leerían cuentos de Borges durante la noche.

En esta ciudad, sin embargo, no solo se venden libros en las librerías. Ayer me sorprendió encontrar en un kiosko de prensa – de esos que pueblan los andenes del subte (el metro) -, entre revistas de informática y prensa del corazón, libros de Paulo Freire (“Pedagogía del oprimido” entre ellos). Esto es Buenos Aires…

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18 thoughts on “Librerías de Buenos Aires

  1. Hola Chema, que profunda sensibilidad tenes para poner en palabras, las emociones. Fue muy grato conocerte y comprobar el amor y el cuidado que tenes en la relacion con mi querida Sole. Gracias! Besoooos enormes y ya nos volveremos a ver.

  2. Me ha gustado mucho, Chema.
    Por cierto ¿sabes que la prima fea de Buenos aires, Montevideo, tiene más de 100 librerías? Si tenemos en cuenta que deben ser aprox. 1,5 millones de habitantes, el ratio impresiona.
    Suscribo lo que has escrito pero aplicado a Montevideo ¡ojalá tuviera tu arte! 😉
    Le llamo la prima fea, espero que no se me mosqueen los amigos de allá, pero la quiero como Sabina a su fea 😉
    Abrazos.

    • Te agradezco el recuerdo y tambien el mote de prima fea, Tgo, En efecto, mi pequeña aldea tiene tal cantidad de librerias y bien surtidas, como para graduarse de ciudad lectora.

  3. Qué lindo! Cuando leo escritos (tan lindos cómo este) sobre la ciudad en la que vivo me sorprendo “claro, es linda..”, me digo y como que un poco me emociona…
    En fin.. hermoso leerte… hermoso haberlos visto! Abrazo infinito hasta el próximo encuentro!
    (M)

  4. Buenos Aires tiene como Montevideo, paseos preciosos para hacer, pero es cierto Chema que el de recorrer librerías es uno de los mejores. Puedes conseguir “incunables” por casi nada. Ezio yo teníamos un día al mes para irnos a la calle Corrientes ( en Buenos Aires) a revisar mesas y estantes. A eso de las 20 hs partíamos de casa. Luego de la compra, al Palacio de la papa frita!!!Si me preguntaran qué extraño de Buenos Aires ahora que vivo en Tapalqué, diría: 1) a mis amigos y 2) ese precioso paseo mensual a las librerías.

  5. Olvidé decir que amo tanto el Uruguay que si no fuera argentina “sería uruguaya”. Como no amar a personas que cuando una dice: “¡Como le anda yendo!” te contestan: “ESPECIAL”. No “bien”, sino, “ESPECIAL”.
    !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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