‘Dimitir’ no es un nombre ruso

¡Muy buenas! (es un decir). Hoy, si hubiese tenido un día tranquilo, rebosante de tiempo libre y positividad como debería corresponder a un día de verano, habría escrito algo sobre mi amor por las ciudades, por ejemplo. Pero ocurre que ni tengo mucho tiempo (¿por qué julio se empeña en ser el mes con más estrés del año?) ni demasiada positividad, así que prefiero escribir sobre política y así, además, mis palabras (que hoy no aspiran a ser nada floridas) soltarán bilis y eso me ayudará a relajarme un poco.

Resumen de noticias (y no me refiero a la canción de Silvio Rodríguez): mi país está gobernado por una banda de presuntos ladrones de poca monta (tengo que resumir, ya dije que hoy no tenía tiempo). Esos ladrones de poca monta están encabezados por un presidente del gobierno (presidente y gobierno con minúsculas) que recibió, presuntamente, sobresueldos en forma de dinero negro provenientes de una trama corrupta dentro de la cual diferentes empresarios donaban ilegalmente dinero al PP (Partido… ¿Popular?) a cambio de contratas, favores y prebendas. El susodicho no recibió millones de euros, sino solo unos cuantos miles de ellos (de ahí lo de “de poca monta”). Detrás de él, varios ministros y miembros relevantes de su PPartido están también “in the garlic” por haber recibido dinero o, como es el caso de la ínclita y brillante ministra de Sanidad, regalos en forma de confeti para su hijo (por valor de miles de euros) o Jaguares cuya existencia no conocía la mencionada doña. En medio de todo el embrollo, el presidente mandaba “abrazos” y “ánimos” por SMS al pagador de sobres negros que fue durante lustros tesorero del PPartido y que, ese sí, es un presunto ladron de mucha monta porque “sobrecobró” millones y no unos simples miles de euros. Entre abrazo y abrazo, el PPartido le seguía pagando al presunto ladrón de mucha monta un soborno para que no hablase más de la cuenta (perdón… ¿dije soborno? No. Quería decir una indemnización diferida en forma de simulación de salario…).

Ya sé que son los jueces del independentísisisisisimo poder judicial los que deben probar los hechos (o, haciendo un juego de palabras jurídico, los cohechos). Ya sé que todo son especulaciones basadas en indicios racionales y no en pruebas (todavía). También sé que muchos de los delitos, en caso de haberse cometido, han prescrito. Pero también sé que nadie en su sano juicio y con un nivel sano de inteligencia, sea de izquierdas, de derechas o apolítico, puede dudar hoy de que Rajoy y algunos de sus compañeros de gobierno y de partido van a tener que afrontar unas responsabilidades éticas y políticas que deberían conducirles a la dimisión y a la muerte política.

Dimisión… ¿qué es eso? Decía Jordi Évole en su programa “Salvados” que “dimitir no es un nombre ruso”, aludiendo irónicamente al hecho de que en España no dimite nadie ni aunque le aspen. Es cierto. No es un nombre ruso, es un verbo que han conjugado 22 ministros españoles desde que en España se reinstauró la democracia (¿?) en 1977. Y yo, “que estoy muy viejo ya” (como diría Silvio), me acuerdo de casi todas, lo cual demuestra que ocurrieron de verdad. Dimitir es posible. Nadie se muere por ello.

Para no ser exhaustivo (para no ponerme pesado, vamos), solo diré que, de esas 22 dimisiones ocurridas a lo largo de 37 años, 8 fueron consecuencia de diferentes escándalos. Siete de ellas corresponden a miembros de gobiernos del PSOE (incluyendo a dos vicepresidentes). Por lo que enseña la historia reciente, para ese partido (al que, por cierto, no pretendo defender lo más mínimo en este texto), dimitir no es un nombre ruso.

En 1990, el vicepresidente Alfonso Guerra dimitió por el escándalo de los negocios de su hermano Juan. En 1992, Julián García Valverde renunció a su puesto de Ministro de Sanidad por un escándalo económico-financiero relacionado con la venta irregular, por parte de Renfe, de unos terrenos cuando él era presidente de esa compañía (bastante antes de ser ministro). Dos años más tarde, Antoni Asunción dimitió al asumir su responsabilidad política en la huida del ex director general de la Guardia Civil, Luis Roldán. Pocos meses después, Vicente Albero dejó la cartera de Agricultura porque diez años antes (¡diez!) no declaró 120,000€ a Hacienda. En 1995, Narcís Serra (vicepresidente) y Julián García Vargas (ministro de Defensa) dimitieron tras el escándalo de las escuchas telefónicas ilegales del Cesid. Mucho más recientemente, en 2009, el entonces ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, dimitió al descubrirse que había asistido a una cacería en compañía del juez Baltasar Garzón. Además, no tenía licencia de caza.

¿Y qué pasa con el PP? En el año 2000, Manuel Pimentel (probablemente el ministro más centrado, sensato y prudente que ha tenido la derecha española en toda su historia) dimitió como Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales tras conocerse que la esposa del hasta entonces director general de Migraciones (dependiente de su Ministerio) era propietaria de una empresa de formación que obtuvo fondos público. Un poco pillado por los pelos, ¿verdad? Quizá es que su dimisión tuvo algo que ver con la ira del presidente Aznar porque, pocos meses antes, Pimentel había sometido a la aprobación por parte del Congreso de una Ley de Extranjería demasiado progresista para el PPartido filoxenófobo al que pertenecía (pero no me hagáis caso, esta es un hipótesis de un rojo resentido).

En resumen: parece que en este país al centro-izquierda le cuesta menos dimitir que a la derecha. Y es raro, porque hoy he vuelto a escuchar a María Dolores de Cospedal, número dos del PP, presuntamente implicada también en el cobro de sobresueldos en negro, decir lo siguiente:

¿Vosotros os imagináis que a un presidente, a una presidenta, del partido popular, en una comunidad autónoma, se hubiera sabido que ellos, o su familia o sus predecesores del mismo partido tienen dinero fuera o han evadido o se han quedado con dinero que no era de ellos y que se hablara de cuentas corrientes en Suiza? – [sic]

Y añade…

¿A que yo ya habría tenido que dimitir?

Mirad, más abajo, el video. Solo dura 25 segundos. No os lo perdáis, por favor.

Es el colmo del cinismo.

Claro, lo dijo antes de que les pillaran…

Vergüenza de PPartido.

Vergüenza de país.

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12 thoughts on “‘Dimitir’ no es un nombre ruso

  1. Pues… “DIMITE de una buena vez!!!” Es lo que hay que decirles!! Amén Chema, de que acorde a los ejemplos de todo tipo que, sobre dimisiones, has puesto aqui, eso solo demuestra que quizás la “vergüenza” aparece junto a una dimisión cuando los hechos se vuelven públicos. Parece que en lo PRIVADO no hay vergüenza. Necesitamos volver a inculcar e interiorizar la vergüenza como un bien de la privacidad. Asi es posible, que dimitan antes de que los hechos se vuelvan públicos, mejor aún, que los hechos dolosos no sucedan.
    Un sueño, una utopia aqui?

  2. Si, Teresa Nuñez , estas pidiendo imposibles. Si alguien se va es porque no solo el agua le llego al cuell o sino la soga…….!
    Todos son inocentes hasta que aparecen los Barcenas. Mucho me temo que en el caso del Mariano se siga haciendo el desentendido, pues su rostro es del mejor marmol de Carrara.

  3. Vergüenza sí… Asco también. Y tristeza, mucha tristeza. Todos los políticos son iguales y da mucha pena que no se salve nadie. No se irán. Y yo ni siquiera quiero que se vayan ni que los metan presos; quiero que se queden y paguen. Que sigan trabajando sin cobrar el sueldo hasta que devuelvan todo lo que se llevaron. Sólo así me creería que hay justicia. Y arrepentimiento…

  4. Buenísimo tu post arrobilla. Me encanta cuando te cabreas. Yo lo que no entiendo (desde fuera) es donde están las manis multitudinarias pidiendo la dimisión del gobierno.
    Un besazo…desde Vancouver (=vacaciones)!

    • Ana, justamente ayer decía “The Guardian” que “Spain still lacks a strong civil society”. Es duro pero es así: no existe la sociedad civil como sí existe en otros países. Mira Argentina: salieron a la calle y echaron a un presidente. Fue el principio del final de su crisis de principios de los 2000… También dicen que ‘The most extraordinary thing about this scandal is not its reach or its gravity, but the strange way in which it is being addressed by Mariano Rajoy. Or not addressed, actually’. La imagen que está dando Rajoy es lamentable.

      Así que en Vancouver, ¿eh? No estaréis durmiendo en chozas de tela, que te conozco… 😉

      http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2013/jul/17/spain-revenge-mariano-rajoy

  5. Asco, infinito asco, es lo único que me viene a la cabeza. Y, si me apuro un poco más, pena y tristeza. Y yo si quiero que: se vayan y sea a la cárcel (a otro sitio los mandaba yo pero suena feo).

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