Un clavel en el fusil

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Querida Ana Paula,

No sé tu nombre pero, si me dejas, te llamaré así. Ana Paula. Me gusta, y además he leído que es el nombre de mujer más común en Portugal.

Todos los años, cuando Abril ya bosteza, pienso en tí y te doy las gracias, pero esta vez quería decírtelo en una carta que probablemente nunca leerás. Mañana habrán pasado 39 años desde el día en que hiciste algo que me ha acompañado toda mi vida como símbolo de libertad y esperanza. Cada vez que me aplasta la creencia de que retrocedemos como sociedad, que las conquistas sociales de los últimos cien años se están demoliendo en solo cien meses, que Rousseau era un ingenuo y que Hobbs era un visionario, pienso en tí y en aquel gesto tuyo y vuelvo a creer en la Humanidad. Entiéndeme bien: cuando miro a Sole, a Paloma, a mi familia, a mis amigos y amigas y a toda la gente de bien que conozco, creo en los seres humanos como individuos; cuando te miro a tí y recuerdo lo que hiciste (mejor: lo que hicisteis), creo en la Humanidad como especie.

Cuando en la mañana del 25 de Abril de 1974 alargasteis la mano y ofrecisteis aquellos claveles a los soldados, ni tú ni tus compañeras – vendedoras callejeras de flores lisboetas – sabíais de la trascendencia de aquel gesto: pusisteis nombre a una Revolución, con mayúsculas. Pusisteis un nombre a la única Revolución justa que ha triunfado sin dispararse un solo tiro, sin derramarse una sola gota de sangre, sin violencia, sin miedo. De eso se trataba, ¿no? De mostrar que de unos fusiles, por una vez, no iban a salir balas sino flores y que el único rojo que iba a teñir aquel día las calles de Portugal no era de sangre, sino de claveles. Qué emocionante, Ana Paula. Qué simbólico. La Revolución de los Claveles.

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La única bala que se disparó aquel bendito 25 de Abril fue una canción, “Grândola Vila Morena“, y no salió del cañón de un fusil (no hubiese podido: estaban taponados por tus claveles) sino de la garganta de Jose Afonso y de las antenas de Rádio Renascença. Era la señal: a las 0 horas 25 minutos, comenzaba la Revolución que os liberaría de la dictadura. Grândola estaba prohibida por el régimen salazarista porque su letra hablaba de un lugar donde manda la gente y donde gobiernan la igualdad y la fraternidad. Qué revolucionario, ¿verdad? Dos siglos después de Voltaire y Montesquieu seguían (y siguen) siendo palabras prohibidas. ¿Te lo puedes creer, Ana Paula? O quizá no era eso y la prohibieron porque, al comenzar la canción, se oyen unos pasos sobre la arena. A los dictadores nunca les ha gustado que la gente camine.

No sé cómo se te ocurrió, ni tampoco si fue idea tuya o de aquellos soldados que, por una vez, se ponían del lado del pueblo y no del poder. El caso es que tus compañeras y tú repartíais aquellos claveles rojos mientras yo me levantaba para ir al colegio, un conductor de autobús nocturno de Manhattan recorría la Quinta Avenida desierta, una costurera de Tokio trabajaba en un kimono, una adolescente australiana leía su librito de aventuras en su cama antes de cerrar los ojos y un anciano vietnamita dormía. Ninguno de nosotros te conocíamos, ninguno sabíamos que vendías claveles en un puestecito callejero de Lisboa, y ninguno sabíamos, Ana Paula, que mientras nosotros hacíamos cosas tan cotidianas como despertarnos, conducir, coser, leer o descansar, unas heroínas anónimas, contigo a la cabeza, poníais en acto algo mucho más trascendente: nos salvabais de la desesperación porque vuestro gesto nos daba esperanza y nos la seguiría dando muchos años después.

Han pasado 39 años y las cosas no son como esperabas. Ni en el mundo, donde los fusiles siguen disparando balas de metal; ni en Europa, donde el sueño de la construcción de una Europa social y de los pueblos (¿existió alguna vez ese sueño?) ha degenerado en una porquería de unión donde unos países someten a otros para solaz de la Gran Banca; ni en tu Portugal, donde la gente sufre por orden de un monstruo de tres cabezas llamado troika. Pero en Portugal siguen naciendo claveles. Lo sé porque Bego, una Amiga, me regaló las fotografías que verás al final de esta carta. Las tomó en Oporto hace pocos días. Me gusta pensar que la troika puede imponer recortes, sacrificios e injusticias pero no puede obligaros a que piséis esos claveles. Quizá por eso los portugueses podéis seguir cantando el “Grandôla, vila morena” en la Asamblea de la República, como ocurrió el otro día, o en cualquier calle de cualquier ciudad de tu país. En el mío necesitamos cantar mucho, mucho también, pero no nos ponemos de acuerdo con la canción porque no tuvimos un 25 de Abril.

Tú nos regalaste unos claveles hace 39 años. Hoy – Bego, ¿me das permiso? – quiero regalártelos yo. También los necesito, pero a la vez necesito devolvértelos para que comprendas lo importante que fue para mí aquel gesto tuyo de hace 39 años. Si un extraterrestre aterrizase en la Tierra y me preguntase por los cinco momentos más trascendentes y bellos de la historia de la Humanidad, tu mano introduciendo un clavel en el fusil de un soldado sería uno de ellos.

Gracias, Ana Paula. Y como dice Labordeta (uno de nuestros JoséAfonsos), habrá un día en que todos, al levantar la vista, veremos una tierra que ponga Libertad. Deixo-vos aqui os meus cravos. Obrigado.

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12 thoughts on “Un clavel en el fusil

  1. Muy bonito. Ojalá Ana Paula pueda leerlo…

    Dice Benedetti en “Esa batalla”:

    ¿Cómo compaginar
    la aniquiladora
    idea de la muerte
    con ese incontenible
    afán de vida?

    ¿cómo acoplar el horror
    ante la nada que vendrá
    con la invasora alegría
    del amor provisional
    y verdadero?

    ¿cómo desactivar la lápida con el sembradío?

    ¿la guadaña
    con el clavel?

    ¿será que el hombre es eso?
    ¿esa batalla?

    • Ese es el simbolismo que más me atrae de la revolución de los claveles: ese “compaginar la aniquiladora idea de la muerte con ese incontenible afán de vida”. El clavel en el fusil es la imagen del abrazo entre la vida y la muerte, mitad amor mitad lucha de la que, en abril del 74, salió vencedora la vida.

      Gracias por la poesía, no la conocía. Siempre me ha gustado más el Benedetti narrador que el Benedetti poeta (justo lo contrario de lo que me pasa con Borges), pero puede que ahí tenga una asignatura pendiente…

  2. CONTRA LOS PUENTES LEVADIZOS

    1

    Nos han contado a todos
    cómo eran los crepúsculos
    de hace noventa o novecientos años

    cómo al primer disparo los arrepentimientos
    echaban a volar como palomas
    cómo hubo siempre trenzas que colgaban
    un poco sucias pero siempre hermosas
    cómo los odios eran antiguos y elegantes
    y en su barbaridad venturosa latían
    cómo nadie moría de cáncer o de asco
    sino de tisis breves o de espinas de rosa

    otro tiempo otra vida otra muerte otra tierra
    donde los pobres héroes iban siempre a caballo
    y no se apeaban ni en la estatua propia

    otro ocaso otro nunca otro siempre otro modo
    de quitarle a la hembra su alcachofa de ropas

    otro fuego otro asombro otro esclavo otro dueño
    que tenía el derecho y además del derecho
    la propensión a usar sus látigos sagrados

    abajo estaba el mundo
    abajo los de abajo
    los borrachos de hambre
    los locos de miseria
    los ciegos de rencores
    los lisiados de espanto

    comprenderán ustedes que en esas condiciones
    eran imprescindibles los puentos movedizos.

    2

    No sé si es el momento
    de decirlo
    en este punto muerto
    en este año desgracia

    por ejemplo
    decírselo a esos mansos
    que no pueden
    resignarse a la muerte
    y se inscriben a ciegas
    caracoles de miedo
    en la resurrección
    qué garantía

    por ejemplo
    a esos ásperos
    no exactamente ebrios
    que alguna vez gritaron
    y ahora no aceptan
    la otra
    la imprevista
    reconvención del eco

    o a los espectadores
    casi profesionales
    esos viciosos
    de la lucidez
    esos inconmovibles
    que se instalan
    en la primera fila
    así no pierden
    ni un solo efecto
    ni el menor indicio
    ni un solo espasmo
    ni el menor cadáver

    o a los sonrientes lúgubres
    los exiliados de lo real
    los duros
    metidos para siempre en su campana
    de pura sílice
    egoísmo insecto
    ésos los sin hermanos
    sin latido
    los con mirada acero de desprecio
    los con fulgor y labios de cuchillo

    en este punto muerto
    en este año desgracia
    no sé si es el momento
    de decirlo
    con los puentes a medio descender
    o a medio levantar
    que no es lo mismo.

    3

    Puedo permanecer en mi baluarte
    en ésta o en aquella soledad sin derecho
    disfrutando mis últimos
    racimos de silencio
    puedo asomarme al tiempo
    a las nubes al río
    perderme en el follaje que está lejos

    pero me consta y sé
    nunca lo olvido
    que mi destino fértil voluntario
    es convertirme en ojos boca manos
    para otras manos bocas y miradas

    que baje el puente y que se quede bajo

    que entren amor y odio y voz y gritos
    que venga la tristeza con sus brazos abiertos
    y la ilusión con sus zapatos nuevos
    que venga el frío germinal y honesto
    y el verano de angustias calcinadas
    que vengan los rencores con su niebla
    y los adioses con su pan de lágrimas
    que venga el muerto y sobre todo el vivo
    y el viejo olor de la melancolía

    que baje el puente y que se quede bajo

    que entren la rabia y su ademán oscuro
    que entren el mal y el bien
    y lo que media
    entre uno y otro
    o sea
    la verdad ese péndulo
    que entre el incendio con o sin la lluvia
    y las mujeres con o sin historia
    que entre el trabajo y sobre todo el ocio
    ese derecho al sueño
    ese arco iris

    que baje el puente y que se quede bajo

    que entren los perros
    los hijos de perra
    las comadronas los sepultureros
    los ángeles si hubiera
    y si no hay
    que entre la luna con su niño frío

    que baje el puente y que se quede bajo

    que entre el que sabe lo que no sabemos
    y amasa pan
    o hace revoluciones
    y el que no puede hacerlas
    y el que cierra los ojos

    en fin
    para que nadie se llame a confusiones
    que entre mi prójimo ese insoportable
    tan fuerte y frágil
    ese necesario
    ése con dudas sombra rostro sangre
    y vida a término
    ese bienvenido

    que sólo quede afuera
    el encargado
    de levantar el puente

    a esta altura
    no ha de ser un secreto
    para nadie

    yo estoy contra los puentes levadizos.

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