El mago del tiempo

Hace ya más de tres semanas que los relojes se adelantaron una hora, y todavía no he notado los efectos. En el Planeta, quiero decir. Hace tres Sábados, a las dos fueron las dos pero un minuto más tarde fueron las tres y un minuto. No hubo terremotos, tsunamis ni vientos huracanados o lluvias torrenciales, ni los ha habido en las semanas siguientes. Tampoco la tierra aceleró en su movimiento de rotación – ni en el de traslación – para recuperar la hora que le habíamos robado. Vamos, yo he estado pendiente desde entonces y mis acelerómetros interiores no han notado nada raro. El Planeta no se ha inmutado. Se me ocurre que debe estar tan acostumbrado a que los humanos hagamos barbaridades con él que ésta le dio igual, le pareció una nimiedad y ni siquiera se ha quejado.

Hoy, veinticinco días después, doy por terminadas mis observaciones. Concluyo que a la Madre Tierra la manipulación del tiempo le da igual. Siendo así, podríamos aprovecharnos y mover el reloj adelante o atrás más a menudo y a nuestra conveniencia. Así, por decreto, mediante una de esas “directivas europeas” a las que hay que hacer caso si quieres seguir en el euro (aunque igual Grecia ni por esas). Tendría sus ventajas. Pensadlo bien. Por ejemplo, la Unión Europea podría decidir que los últimos Martes de mes el reloj se adelantase diez horas, solo por un día. De ese modo, veríamos amanecer una vez por mes, con lo bueno que es eso para el alma. Yo casi nunca veo amanecer y lo echo de menos. También podría decidirse (¿quién decide estas cosas? ¿Es Van Rompuy, Durão Barroso, o es Merkel directamente?) que todos los segundos Jueves de mes fuesen Viernes. Así esos Jueves todos los que trabajamos podríamos celebrar que se acaba la semana antes de tiempo, además de celebrar que tenemos trabajo. Para compensar, los terceros Domingos de mes serían Martes y así la productividad no bajaría y podríamos seguir siendo competitivos, que es lo que más preocupa a los analistas económicos.

Sigamos. Los días 30 de cada noviembre podrían declararse 15 de mayo, y así nacerían flores en otoño al menos por un día. Estaríamos todos encantados salvo los que cumplen años el 30 de noviembre, pero para compensar podría decidirse que los 13 de octubre serían también 20 de noviembre y así recibirían sus regalos y con un mes de adelanto, además.

Sería fácil programar los ordenadores y los iPhone para que no tuviésemos que andar preocupándonos de cambiar nosotros la hora o el día manualmente: lo harían ellos de manera automática. La tecnología nos ha hecho progresar mucho. Ahora casi todo lo hacen las máquinas y por eso tenemos que trabajar menos. Ya lo predijo Marx (me refiero a Karl, no a Groucho), aunque creo que el ideal marxista de la sociedad del ocio no iba por ahí. El paro, creo, es por otra cosa.

Pero el cambio más excitante podría ser cambiar el año una vez al ídem, aunque fuese durante un solo día. Por ejemplo, podría decidirse que el 25 de cada marzo fuese 30 de febrero de 2031. Así podríamos saber lo que nos deparará el futuro. Me diréis que el 30 de febrero no existe, pero está demostrado que el ser humano puede mover el reloj como le plazca e inventar nuevos días si le apetece. El Planeta no protesta, como quedó patente hace tres Sábados. Incluso podría decidirse por ley que el 13 de cada junio fuese 34 de abril de 1999. No pasaría nada. Aunque en 1999 no hubo 34 de abril, muchas veces se ha reescrito la historia y nada ha ocurrido. Que se lo digan a los dictadores (e incluso a muchos demócratas).

Juguemos con el tiempo. Juguemos a que es otra hora, otro día, otro año, otra época pasada en la que España florecía. Así no pensaremos en los días oscuros que nos está tocando vivir.

la-persistencia-de-la-memoria

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2 thoughts on “El mago del tiempo

  1. Buenísimo, Chema.
    Me parece una gran idea.
    También se podría decretar (puestos a hacerlo) que si, por ejemplo, la Nochevieja no salió bien porque la famila se peleó después de tomar la cuarta jarra de clericó (para saber qué tipo de bebida es esa, preguntarle a S.O.L.E.), y la suegra le gritó a la nuera lo que se había tragado durante varios meses y a la nona le subió la presión y entonces el nene, que estudia pa’ doctor, iba a reanimarla pero, borracho como estaba, se cayó arriba del tío Luis que fumaba un cigarro que se puso en contacto con el árbol de navidad y…
    bueno, digo, si la Nochevieja no salió bien, se decreta que a las 48hs puede repetirse, esta vez sin clericó. (Y sin nueras, que siempre complican la vida, che).

    • Jajajaja. Yo creo, Leti, que a muuuuchas familias les convendría que el 24 de diciembre se declarase 12 de julio, el 25 de diciembre fuese 1 de agosto, el 31 de diciembre 7 de mayo y el día del cumpleaños de la suegra, el yerno, el cuñado o el jefe, 35 de octubre. Así se evitarían muchos disgustos y se podría beber clericó a gusto, ¿no?

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