Conversación entre Thatcher y Sampedro

Conversación entre Margaret Thatcher y José Luis Sampedro en la cola de entrada al más allá.

– ¿Qué hace usted aquí?

– He venido para evitar que privatice el infierno.

– No lo haré. Privatizaré el cielo, que es a donde me dirijo. Y no me distraiga, que mi tiempo es oro.

– El tiempo no es oro, el tiempo es vida. Y pienso molestarla todo lo que quiera.

– ¿Quién se atreve a hablarme así? ¿Quién es usted?

– Solo un economista que trabajó para que los pobres fuesen menos pobres y para convencer a la gente de que poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe. También soy un escritor que trató de agitar la conciencia de la sociedad.

– No existe nada llamado sociedad. Solo existen los hombres, las mujeres y las familias. ¿Y qué es eso de que los pobres sean menos pobres? Solo hay una forma de conseguir eso: haciendo que los ricos sean cada vez más ricos. Todo el mundo lo sabe.

– ¿No pretenderá usted hacerme creer que hay consenso sobre eso?

– No soy mujer de consensos, sino mujer de convicciones. Nadie me hará cambiar de opinión sobre esto. Me da igual lo que opinen o digan los demás, siempre que al final hagan lo que yo les digo.

– ¿Como cuando decidió usted, en contra de la opinión de su gobierno, declarar la guerra a Argentina?

– Bueno, yo estaba convencida de que podíamos conseguir los objetivos a un precio aceptable. Por eso se hacen las guerras. Y acerté, como siempre.

– Decidió personalmente asesinar a cientos de argentinos al ordenar hundir el General Belgrano, que estaba anclado en la zona de exclusión de hostilidades.

– Nada de eso. Simplemente decidí flexibilizar las normas de la guerra.

– Fue un crimen de guerra, señora.

– Me da igual lo que usted piense. Me da igual lo que piense cualquiera. Nunca cambio de opinión.

– ¿Conoce usted a Stéphane Hessel?

– No tengo el placer.

– Pues le va a conocer dentro de nada. He venido para ayudarle a evitar que usted privatice todo, termine con los sindicatos y los movimientos sociales, implante el neoliberalismo y la desregulación financiera y abola el Estado.

– Pienso hacer todo eso, como lo hice antes en el Reino Unido. Cada regulación es una restricción de la libertad; cada regulación tiene un coste, y no podemos permitirnos pagar costes. Además, mis amigos Ronald y Augusto ya habrán empezado esa tarea en el cielo.

– En el infierno, señora, en el infierno.

– Déjeme en paz.

– Usted no sabe lo que es la paz.

– Cállese.

– No lo haré. Prepárese para escucharnos. Vamos a refundar la democracia aquí, en el más allá. También lo harán en la Tierra, ahora que usted no está.

En otra parte de la cola, Sara Montiel, fumando un puro con gesto displicente, acertó a ver la cara de terror de la dama que fue de hierro.

(Texto basado en citas reales de Margaret Thatcher y José Luis Sampedro y en una frase de Estrella)

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6 thoughts on “Conversación entre Thatcher y Sampedro

  1. En el ’82, en plena guerra, en Argentina le decíamos thatcher a una maestra que odiábamos, les gritábamos ingleses a los chicos de la otra cuadra que nos molestaban y en el patio de la escuela cantábamos: “¡El que no salta es un inglés!”
    Juegos de niños pero que nos solidarizaban con una guerra estúpida que, encima, creíamos estar ganando. Después, cuando la niñez dio paso a algo parecido a la conciencia, nos enteramos de que la guerra la había iniciado un borracho que intentaba de esa forma congraciarse con “su” pueblo… dos borrachos jugando a la guerra porque no me consta pero seguro que doña margaret le daba al drink, si no, no se entiende…

    Ojalá Sampedro tenga más suerte en el más allá que la que tuvo en el más acá convenciendo a la gente de que un estado mejor es posible.

    Ahora, de los tres, seguro, segurísimo que la que mejor se lo pasó por aquí fue Sara Montiel. Aplausos para ella que supo sacarle el jugo a la vida. 🙂

    • … pues si era cuestión de alcohol, ya podían haberse juntado Leopoldo y Margaret a tomar unos tragos una noche de Sábado y se habrían ahorrado algunos muertos. Seguro que Sara Montiel – ésa sí la pasaba bien, como dices… – se les habría unido.

      Otro día escribiré sobre una anécdota de S.O.L.E., María y Paloma sobre las Malvinas. Fue muy reveladora de cómo aquella guerra os marcó, de alguna forma, a varias generaciones de argentinas…

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