Prohibido pensar

Una de las señales de tráfico más inquietantes que he visto en mi vida la encontré en una calle de Nueva York. Como en la mayoría de las urbes del mundo, las calles de muchas ciudades de Estados Unidos están sembradas de carteles que advierten al conductor de la prohibición de aparcar en determinadas zonas. Algunas de estas señales rezan severas:

NO PARKING AT ANY TIME.
CARS WILL BE TOWED AWAY AT THE OWNER’S EXPENSE

(“Prohibido aparcar. La grúa retirará los coches y el dueño correrá con los gastos”)

Siempre me ha hecho gracia la aclaración acerca de quién es el que paga los gastos de la grúa. En Estados Unidos todo hay que hacerlo explícito, sobre todo en lo referente al dinero, para evitar confusiones. Pero no es ese el cartel al que me refería. En la calle 29, entre la Séptima y la Octava Avenida de Manhattan (cerca del Madison Square Garden), hay un lugar donde aparcar está especialmente sancionado. El cartel que lo prohíbe (que después he vuelto a ver en otros barrios de Nueva York – en Brooklyn, por ejemplo, cerca de la casa de mi amiga Caity, y también en Chicago) es diferente del resto, y en él puede leerse:

DON’T EVEN THINK OF PARKING HERE
(“Ni se le ocurra pensar en aparcar aquí”)

no_pensar

Al principio me hizo gracia, pero luego caí en la cuenta de que era terrible. La lees una vez y crees que la simpática señal te prohíbe aparcar, pero no es cierto. Léela bien. La señal no prohíbe aparcar: prohíbe pensar.

El “espíritu del Departamento de Transporte de los EE. UU.” podría extrapolarse a otros ámbitos de la vida. Al de la crisis, por ejemplo. Lo que ha ocurrido en el mundo occidental en los últimos cuatro años es que un sistema económico llamado neoliberalismo ha colapsado por su inherente insostenibilidad. En lugar de emerger otro sistema, diferente y probablemente más justo, el mismo sistema que colapsó crece sobre los cadáveres de los que dejó atrás y se perpetúa, apuntalado. Cuando uno plantea que habría que pensar en otra forma de organizar la sociedad basada en la justicia, la libertad, el diálogo y el respeto, los autoproclamados próceres del sistema no te dicen que es imposible, no. Te dicen que ni se te ocurra pensar que es posible, que es muy diferente y mucho más grave. Te dicen que fuera del sistema no hay nada, solo el vacío, la violencia y el caos. Si te atreves a proponer otra cosa y les caes bien, te dicen que eres un “buenista”; si les caes mal, que eres un proetarra y un filonazi, como le están diciendo estos días a Ada Colau.

Como hoy no me quiero cabrear (más), y aprovechando que todavía no nos han prohibido imaginar, os dejo con John Lennon. Feliz resto de finde.

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4 thoughts on “Prohibido pensar

  1. Jeje, sí, es un cartel terrible. ¿Necesitaremos, entonces, un cartel que nos diga cuándo pensar…?
    Te dejo una canción sobre las “prohibiciones”.
    (Sólo una cosa extra entre paréntesis: por Dios, la cara de Yoko Ono!!!! una sonrisita, por favor!!! 🙂 )

    Ahí va la canción. “…No se puede prohibir la elección de pensar…” :

  2. Estos carteles me parece que son como el JACA maorí que usan los Old Blacks antes de los partidos. Solo lo se hacen cargo quienes se prohiben a si mismo la libertad de imaginarse pensando alternativas diferentes.. Solo tienen miedo de lo que pasará, los que no se animan a romper sus cotidianeidades para armar una nueva ¿rutina? y seguir siendo felices lo mismo pero en distinta forma. Claro que a esos miedos no se ha llegado por casualidad. La demolición lenta, pausada e inexorable lograda por el neoliberalismo hoy está siendo cuestionada y el JACA está perdiendo su poder mágico y real…. por suerte… o por decision de los libres.

  3. Bernardo Ortín, un maestro al que admiro y quiero… estuvo un día dando vueltas a esas cosas que nos pasan por pensar. Y dábamos vueltas a la expresión…”no me lo quiero ni imaginar” cuando hablamos de asuntos dolorosos, trances difíciles. Imaginar, en sí mismo, tiene tanto poder…El suficiente como para enfermar, sanar, morir…o crecer o avanzar. Sí, da miedo. La pena es que pensemos que para pensar, también hace falta que nos den permiso. Besos!

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