Estamos contigo, jeque

Hay veces que uno se entera de cosas que le encogen el alma. Esta mañana, leyendo esta noticia del diario El País, supe de la tremenda injusticia que se está cometiendo con el príncipe Alwaleed Bin Talal, sobrino del Rey de Arabia Saudí. Por lo visto, la revista Forbes le coloca este año en el 26º lugar de la lista de personas más ricas del mundo y no en la 10ª, que es la que según él debe ocupar en virtud de la fortuna que dice poseer. Más hiriente todavía: Forbes valora su patrimonio en solo 20 mil millones de dólares, cuando realmente (según el propio príncipe) asciende a casi 30 mil millones. ¿Os lo podéis creer? Indignante. Intolerable. Diría incluso que insultante. La imagen del jeque se está viendo muy perjudicada por esta calumnia y él, con toda lógica, está profundamente indignado (según cuenta El País), se ha quejado amargamente y ha roto relaciones con la revista autora de tamaña injusticia, negando a sus reporteros el acceso a sus palacios de paredes de mármol y grifos de oro macizo.

jequePodría parecer que el jeque se queja por vicio, pero si lo pensáis bien no es ninguna chorrada.  Es un tema de trascendencia capital (nunca mejor dicho). Para empezar, a la gente como el príncipe Alwaleed se les reconoce poco su esfuerzo. Para amasar esa fortuna no basta con haber nacido en una multimillonaria familia real de un país feudal (¡con el mérito que eso supone!) sino que, para aumentar más aún la fortuna personal, hay que explotar a muchas personas (con el esfuerzo que eso entraña), robar a otras tantas (con lo que eso cuesta), sobornar a más de una y de cien y encima aguantar que los envidiosos de siempre te digan que no es ético que una sola persona acumule tanta riqueza como Bolivia o Tanzania. En segundo lugar, es muy probable que el príncipe Alwaleed esté deseando ardientemente pagar impuestos por su patrimonio. Si se le reconociese su fortuna verdadera y no solo una parte, pagaría más al fisco y su satisfacción como ciudadano ejemplar sería mayor. Además es muy probable que el príncipe saudí esté pensando en utilizar esa parte de su fortuna para luchar contra los problemas acuciantes que sufre su propio país como la falta absoluta de libertad, la injusta distribución de la riqueza, la explotación de los trabajadores, la discriminación y vejación de la mujer o las violaciones sistemáticas de derechos humanos. Claro, no es lo mismo dedicarse a luchar contra la injusticia con 20 que con 30 mil millones de dólares en tu bolsillo: en el segundo caso puedes hacer mucho más.

Mirad el caso de España. Con esos 30 mil millones de dólares (unos 23 mil millones de euros), el jeque podría, por ejemplo, paliar de sobra el recorte de 2 mil millones de euros en investigación y desarrollo y los 10 mil millones de recortes en Sanidad y Educación, y le sobraría para evitar que los jubilados tuviesen que pagar por las medicinas o incluso para subir las pensiones de acuerdo con el IPC en lugar de congelarlas. También se podría atender gratuitamente en los hospitales a los inmigrantes sin papeles sin que eso hundiese económicamente nuestro país. O, a escala más pequeña, la Generalitat Valenciana podía incluso pagarle a Proyecto Hombre con parte de ese dinero el millón de euros que todavía le debe. ¿Un millón? ¡Venga, si eso es calderilla para el jeque! Fijo que si se le cae del bolsillo un millón en billetes de 500 mientras baja de su Boeing 747 privado ni siquiera se agacha a recogerlo. Eso sí, con esos 23 mil millones de euros no llegaría para tapar el agujero de Bankia. Los bancos, como siempre, hacen todo a lo grande.

Si miramos más allá (a África, por ejemplo), con el dinero el jeque se podría reducir la miseria. Si no fuese pura demagogia (¿lo es?), diría que con con la fortuna de este hombre se podría garantizar el acceso a agua potable a 130 millones de seres humanos, escolarizar a más de 10 millones de niños durante 10 años, construir 1200 hospitales (dándose además el lujo de pagar un salario justo a los albañiles que trabajasen en su construcción) o vacunar contra enfermedades endémicas a toda la población del continente, por ejemplo. También podría evitarse la muerte de la mayoría de los 9 millones de personas que mueren cada año por hambre.

Lo dicho: han cometido una injusticia con este hombre y hay que solidarizarse con él. Yo estoy pensando en organizar una manifestación para protestar contra semejante atropello. Propongo además un boicot a la revista Forbes: desde luego, yo no pienso volver a comprarla. Y es que hay injusticias que no se pueden tolerar. Jeque, estamos contigo. Por sinvergüenza.

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