Huyendo del ático porno

¿Sabéis lo que estabais haciendo hace hoy exactamente cinco años? Yo sí: estaba tratando de huir de un ático porno en Szeged, una ciudad húngara en la frontera con Rumanía y Serbia. Fue una de las innumerables peripecias a las que Bea y yo tuvimos que enfrentarnos en un día que empezó fatal y acabó peor, aunque al poco tiempo empezó a parecernos muy divertido. Para colmo, era nuestro primer día en Hungría y teníamos por delante cinco meses de estancia. Menos mal que aguantamos las desdichas de ese día inaugural y no salimos huyendo del país…

Pues sí: aquel 3 de Marzo de 2010, Bea y yo comenzábamos nuestro exilio en tierras húngaras para trabajar unos meses en la Universidad de Szeged. Todo fue muy bien en el avión y ni siquiera tuvimos turbulencias que nos hiciesen presagiar nada raro. Pues la primera en la frente: al llegar al aeropuerto de Budapest, a Bea le robaron el bolso con 400€, el móvil, la cámara, las tarjetas de crédito y toda su documentación. Ésa fue, a la larga, la única parte de este vodevil que no tuvo ni puñetera gracia. Ni la policía ni nadie nos entendía: allí no hablaba inglés ni el tato. Conseguimos hablar con la embajada española y nos dijeron que fuésemos para allá, pero al poco rato apareció el bolso con el DNI y las tarjetas pero sin rastro del dinero, la cámara y el móvil.

Pasamos entonces de ir a la embajada y pillamos entonces el tren a Szeged, donde íbamos a vivir. Bea tenía una casa apalabrada por internet. La vimos, le dijo a la casera que le gustaba (la casera, supermaja), pagó a tocateja los dos primeros meses, dejamos todo allí y nos fuimos a ver el piso que yo tenía medio alquilado por correo electrónico. Al llegar, nos empezó a parecer que aquello era el típico apartamento donde se ruedan las películas porno húngaras. Me refiero a las cutres: las que se ven en internet y son como caseras (a mí me lo han contado, yo nunca visito esas páginas, ¿eh?… ¿¡¡¡¡queda claro!!!!?). Estaba todo lleno de espejos en las paredes y el techo, había una barra de bar como llena de cristalitos de discoteca y también una cama enorme con una colcha de leopardo (lo juro) y una concha mullida por cabecero. En fin, que sólo faltaban las cámaras y esos paraguas blancos que reflejan la luz de los focos (en realidad había uno, pero prefiero pensar que era para la lluvia). La verdad es que era una pena, porque si le quitabas los espejos, el leopardo y compañía quedaba un ático precioso, pero ellos sabrán…

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Salón del ático porno con los espejitos de marras…

Al casero y a su novia había que verles: él era un cruce entre Nacho Vidal y David Bustamante, y ella una mezcla de Belén Esteban y Anita Blond. Eso daba igual, allá cada uno con sus pintas y sus costumbres sexuales… ¡pero es que intentaron tangarme, los muy cabrones! Me explicaron que había una agencia inmobiliaria de por medio y que la susodicha debía quedarse con el equivalente a un mes (450€) por las gestiones, y además me pedían dos meses de fianza. Total, que entre eso y la primera mensualidad tenía que apontocar 1800€ allí mismo, en el acto. Se ofrecían a acompañarme a un cajero y todo, los muy mamones. Yo sospeché algo raro y empecé a darme cuenta de que la agencia no existía. Cuando les pedí que me dijeran el nombre de la agencia, les cambió la cara y empezaron a hablar entre ellos en magyar (os aseguro que no se entiende ni coscojo) y me dieron largas. Luego les dije que mi universidad me exigía una factura de la agencia (me lo inventé), y después de deliberar por un rato (en magyar, por supuesto) me dijeron que entonces todo subía ¡¡un 39% por el impuesto!! Joder con el IVA húngaro, ¡ni Montoro se atrevería! Les dije que de acuerdo (para probarles), y volvieron a hablar entre ellos en magyar muy cabreados y me dijeron que no podía ser, que la agencia estaba en Budapest. Empezaron a decirme que bueno, que no se lo dirían a la agencia y que no les pagase el mes de marras, pero que en realidad eran tres meses (y no dos) de fianza (claro, había muchos espejos que se podían romper, ¿no te jode?). A todo esto, cada vez que Bea o yo hacíamos amago de levantarnos (aunque fuera para beber agua) la tía nos gritaba “Sit down!!” toda cabreada como si fueramos un pastor alemán. Mientras, él hablaba como un poseso por teléfono (“con alguien del negocio”, os juro que me dijo ella textualmente cuando le pregunté. Preferí no saber qué era “el negocio”…).

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Otra vista del salón. Os aseguro que al natural era mucho peor…

Yo lo vi fatal (Bea estaba igual de acojonada que yo) y empecé a pensar en salir por patas de allí no fuese que además de timarme los mil ochocientos euros acabásemos atados en una silla desnudos y ellos dándonos latigazos vestidos de cuero con sus partes al aire. ¡¡Imaginaos luego mis alumnos viéndome en internet!! Les dije que tenía que hablar con mi universidad y que como ya era tarde (10 de la noche) les llamaría al día siguiente a las 8.

Conseguimos salir de allí indemnes y con la ropa (y la dignidad) intacta y después de cenar algo en un restaurante muy raro lleno de armaduras medievales volvimos al apartamento de Bea para, por fin, dormir. Al llegar… ¡¡¡¡la puta puerta no se abría!!!! Alguien había bloqueado una segunda cerradura cuya llave no nos había entregado la casera. Evidentemente, con la sugestión, pensamos que aquello era otro timo y que en nuestra ausencia habían arramplado con todo nuestro equipaje y demás pertenencias y con el dinero que Bea había adelantado. La casera no contestaba al teléfono, con lo que nuestro acojono creció. Bea llamó de nuevo a la embajada pero nadie contestó. Mejor: me imagino la conversación…

Embajada de España, ¿dígame? – bostezando

Mire, soy la que llamó esta tarde por lo del robo del bolso… ¡Llamo para decir que ahora mi casera me ha robado el resto del equipaje!

Nos habrían tomado por locos y habríamos sido noticia en El Mundo Today, si hubiese existido entonces…

La puta puerta de casa de Bea que no abría (véase la cerradura rota)

Acabamos vagando por la ciudad desierta a la una de la madrugada buscando una pensión, a la cual llegamos sin maletas y con lo puesto. Se llamaba Kata Panzió. La de recepción nos miró con una sonrisilla de “el profesor y la becaria que van a echar un polvo”, pero cuando le pedimos dos habitaciones individuales le cambió la faz y nos miró como si fuéramos de Marte. Debió faltar poco para que llamara a la policía y que nos aplicaran la Ley de Extraterrestrería. Le explicamos lo que nos había ocurrido, pero creo que eso incluso empeoró las cosas: ahora iba a llamar al manicomio.

Al día siguiente la casera contestó al teléfono a las 8 de la mañana. ¡¡Aleluya!! ¡¡No era un timo!! Resultó que se había estropeado la cerradura. La casera vino, convertida en disculpa viviente, conseguimos entrar tras romper la puerta de una patada (¡como en las pelis!) y desde allí yo llamé a los del porno para decirles que mi universidad me había exigido que volviese a Valencia de inmediato. Espero que ya se hayan olvidado y no me estén buscando por allí, años después, para romperme las piernas u otra parte más dolorosa de mi cuerpo…

Un buen día, varias semanas después y ya inquilino de una casa decente, mis pies me llevaron hasta el portal de aquel inolvidable ático en uno de mis paseos por Szeged. Me fijé en el portero automático y no pude creer lo que ví. Aquellos números y nombres certificaban, por si me quedaba alguna duda, que aquello de verdad era un ático porno. Ahora mirad la foto que tomé ese día (pinchando en ella para agrandarla) y adivinad: ¿cómo se llamaba mi casero? Es una cuestión de matemáticas. Obvio, ¿verdad? 😉

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3 thoughts on “Huyendo del ático porno

  1. Si te sirve reir, pues te ayudaré! jaja! En las vacaciones de 1972/3 Ezio y yo, enmochilados y “a dedo” (auto stop) recorrimos la famosa Ruta 40, pegada a la cordillera de Los Andes, desde la Pcia de Neuquén hasta Jujuy, en la Rca Argentina. LLegados al pueblo de Chilecito (Pcia de La Rioja), buscamos un hotel para darnos un buen baño y dormir frescos ya que afuera hacian 42º y habíamos llegado en la caja de una camioneta y asi como te estás imaginando, pues estábamos. Sucios, acalorados y llenos de imágenes de paisajes hermosísimos. El conserje del hotel insistía en ver nuestra libreta de matrimonio y se negaba a darnos habitación hasta que Ezio pidió un teléfono y llamó a la policía. Antes de que alguien nos contestara, ya nos habían instalado confortablemente en una habitación, pidiendo disculpas. ¿qué averiguamos? pues que era lo que en Argentina llamamos: un TELO; en paralelo con el HOTEL que mostraba como cara visible. Supimos que los impuestos son diferentes. Adivina: ¿cuál paga mas?No querían darnos habitación común sino exigir pago por horas!!! jaja!
    Como se puede ver en todos lados se cuecen habas sexys!

  2. No me lo creo… en serio vivía en el 69??? Madre mía!! Me alegro de haber leído esto, porque el sábado vivimos Jesús y yo un experiencia desagradable también:

    STAFF terminó el sábado por la mañana y nosotros volvíamos a España el domingo, por lo que necesitábamos una noche de hotel extra. Jesús se encargó de reservar porque estuvo de estancia y más o menos conocía. Como los hoteles se nos iban de precio, reservó por “airbnb.com” una habitación en casa de una señora en un barrio de Boston que se llama “Dudley”, habíamos quedado a las 12 para la entrega de llaves, así que allí que fuimos.

    Nada más bajar del autobús, me puse alerta, no se veía ni un blanco (no es por despreciar a nadie, pero era chocante) y la gente que había parecía bastante chunga, con coches pasando despacio por nuestro lado sin dejar de mirarnos… En fin, nos dejamos ver, encima, bastante porque no sabíamos ir de la estación a la casa, así que estuvimos preguntando direcciones y nadie sabía nada. Al final alguien nos hizo un gesto con el dedo y tiramos para allí. Como seguíamos perdidos, vi un coche de policía, y me acerqué a pedirle ayuda. El policía, al vernos, nos empezó a hacer un montón de preguntas: “de dónde éramos, qué hacíamos ahí, dónde íbamos”… Nosotros las contestábamos porque imponía la situación, el policía y todo. La cumbre vino cuando, después de mirarnos de arriba a abajo nos dijo:

    “Hey, folks, honestly, I would strongly reccomend that you leave this area right now. There are shootings every day and robberies. You actually look like the perfect target and I’m sure you are carrying valuable things. These people don’t have anything to lose. Please cancel your booking and go back from where you came.”

    Como te podrás imaginar, el acojone fue máximo, yo me puse super seria y a Jesús le entró la risa histérica (cada uno lo lleva como puede). De forma que, como sugirió el policía, nos dimos la vuelta, volvimos al centro de Boston y, desde allí, buscamos otro hotel. Creemos que era un timo porque la “casera” ni se molestó en contactarnos, a saber qué habría pasado!!!

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