Un trozo invisible de este mundo

cartel-un-trozo-invisible-de-este-mundoAyer (3 de marzo de 2013) fui con Sole y con mi hermana Lupe a ver “Un trozo invisible de este mundo“. Es una obra de teatro compuesta por cinco monólogos que tratan sobre el drama de los inmigrantes en España. El texto es de Juan Diego Botto y él además es intérprete en cuatro de ellos. En el otro actúa Astrid Jones, actriz y cantante madrileña de origen congoleño.

La obra es magistral; el texto, la interpretación, la puesta en escena… todo ello conforma una obra de arte. Pero es mejor ir preparado: es bueno saber que vas a tener dificultades para respirar. Yo me pasé la hora y cuarenta minutos de la obra con un nudo en la garganta, Sole lloró sin parar y Lupe supongo que tampoco lo pasaría nada bien. No voy a contar de qué trata la obra (mejor miradlo aquí) y para comprender la angustia que transmite lo mejor sería que fueseis a verla.

Al terminar, me levanté de mi butaca con una sensación plomiza de pesadumbre. La obra no deja ni una puertecita abierta a la esperanza de que los inmigrantes mal llamados “ilegales” (incluso muchos “legales”) puedan tener una vida digna en la siempre xenófoba y ahora además paupérrima España. La forma de abordar el tema es muy “argentina” (como lo es el autor): cruda, descarnada, ferozmente crítica y sin concesión alguna al optimismo. Me recordó en esto a una obra del cómico argentino Enrique Pinti que también me dejó sin respiración cuando la vi en Buenos Aires hace diez años. “El candombe nacional“, recuerdo que se llamaba.

Pensaba, ya saliendo de la sala, que lo que Juan Diego Botto tendría que hacer es llenar el teatro de dirigentes del PP. Al fin y al cabo, ese partido político de discurso nítidamente xenófobo (ver esto, o esto, o esto… ¿queréis más?) sostiene a un gobierno que, por ejemplo, ha dejado sin cobertura sanitaria a cientos de miles de inmigrantes “ilegales” en mi país a través de una ley que impone a esas personas un trato cruel, inhumano y degradante que atenta rotundamente contra los Derechos Humanos. Es probablemente la única promesa electoral que ha cumplido Rajoy: tratar a los inmigrantes como basura.

Tampoco estaría mal llenar la sala de algunos dirigentes del PSOE. Ese partido tampoco tiene las manos del todo limpias en cuestión de inmigración. En 2008, el gobierno de entonces (con Rubalcaba de ministro del Interior) amplió hasta 60 días el límite máximo de detención de los inmigrantes “ilegales” en los centros de internamiento para extranjeros (CIEs), auténticos “Guantánamos” españoles en los que se violan los derechos humanos con impunidad. Tampoco hay que olvidar que en 2008 los europarlamentarios “socialistas” votaron a favor de la llamada “directiva de la vergüenza” en el Parlamento Europeo. Resulta innecesario aclarar que los del PP también lo hicieron.

En eso exactamente andaba yo pensando cuando, de improviso, Lupe, Sole y yo nos topamos con Juan Diego Botto a la salida de los camerinos. Estaba solo. Nos acercamos a él, le dimos las gracias (pero no dos besos… chicas, ¿en qué estabais pensando? ;-)) y le ofrecimos nuestra opinion sobre la obra.

Juan, me ha encantado la obra pero nos has hecho sufrir innecesariamente. Esto tendría mucho más sentido si llenases la sala con dirigentes del PP y también con algunos del PSOE – le dije.

Sonrió y nos contó algo que nos dejó perplejos:

Pues me han dicho que ayer vino Esteban González Pons y que al terminar se puso de pie y aplaudió a rabiar…

Nos dejó helados. Así que el ínclito vicesecretario general del PP, ese hombre tan prudente y mesurado que, rebosando inteligencia y buen juicio en sus comentarios, actúa de “bocazas de guardia” de su partido, estuvo ahí, entre el público. Y además aplaudió…

¿Qué carajo aplaudía González Pons? Porque si la obra le gustó, tuvo que ser por su literalidad y no por la música. Vamos, digo yo. Supongo que aplaudiría las argumentaciones del carcelero del primer monólogo, sin darse cuenta de que todo era irónico (a la vez que realista: hay muchos tipos así); quizá también aplaudía a la familia de clase alta que engañó a la congoleña del tercer monólogo haciéndola creer que la contrataban para después denunciarla a la policía tras esclavizarla durante un mes; quizá aplaudía al falso intelectual del quinto monólogo que abogaba por “no remover el pasado” en nombre de la sacrosanta transición española. O probablemente no, no aplaudía nada de eso: González Pons es bastante tonto, pero no tanto como para no darse cuenta de que en la obra se ponía a parir a gente como él. Probablemente sobreactuaba, que a él se le da de vicio, creyendo que así disimulaba su mezquindad. Creería que, al aplaudir como uno más, parecería que aquello no iba con él. También puede ser que nos tratara como si fuésemos imbéciles (para variar) haciéndose el progre, que a los políticos del PP les mola mucho (todavía recuerdo cuando hace bastantes años Álvarez Cascos citó a Silvio Rodríguez en su discurso de despedida). Pero mira que son cínicos, leche.

La noticia que me dio Juan Diego Botto me hizo ver que, una vez más, yo estaba equivocado. González Pons no salió de allí con la cara roja de vergüenza. Aplaudió, puesto en pie, en el colmo del cinismo. Quedaba claro que llenar la sala de dirigentes del PP no serviría de nada, pero a lo mejor si Botto la llenase de votantes de ese partido entonces a lo mejor sí, a lo mejor algunos dejaban de mirar para otro lado y se daban cuenta de que con sus votos (bien intencionados) los políticos del PP perpetran tamaños atentados contra los derechos humanos como los que relata la obra y que, desgarradoramente, no tienen nada de ficción.

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4 thoughts on “Un trozo invisible de este mundo

    • Pues sí, Guillermo, lo de este tío es alucinante. Cínico lo es, evidentemente, pero igual también sufre de esquizofrenia y además contagiosa (lo sufren muchos de los que se sientan en la calle Génova).

      Al hilo de lo que hablamos, acabo de encontrar este artículo en el diario Público. Es de hoy y habla del acoso callejero a los políticos.

      http://www.publico.es/451623/la-caza-del-diputado?rlabs=1

      A mí, la verdad, me preocupa esto de que se increpe así a los políticos en la calle, en el bar o en el teatro. Los linchamientos públicos nunca me han gustado, aunque la violencia sea solo verbal. En esas situaciones no es difícil que se prenda una chispa y se pase del insulto a la agresión física. Me preocupa, la verdad, porque ellos han provocado estas reacciones con sus abusos y corruptelas pero tampoco estaría mal que los ciudadanos actuásemos con el respeto que les exigimos a ellos. Si no, perdermos legitimidad (y además se usa en contra nuestra). Es difícil porque la situación es gravísima y hay gente pasándolo fatal. De habérmelo encontrado en el teatro, yo le hubiese dedicado a González Pons una mirada de desprecio profundo. Solo eso, que es mucho. Desprecio es lo que siento por él y por muchos (no todos) los que se sientan en el hemiciclo. No le insultaría en la cara ni le haría una peineta: eso se lo dejo a gentuza como el tal Luis Bárcenas.

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