093. Posdata…

Epílogo al texto 093, publicado el Martes.

Lo hice. Después de pensarlo mucho, esta mañana me armé de valor y levanté el auricular. Esperé tono y marqué. Cero, nueve, tres. Pasaron seis segundos. Escuché el timbre corto y después esa voz dijo exactamente lo que yo esperaba.

Once horas, cincuenta y nueve minutos, cuarenta segundos…

Sonreí. Era ella, la misma de mi niñez.

Once horas, cincuenta y nueve minutos, cincuenta segundos…

Pasaron diez segundos más, luego veinte, luego un minuto, pero la voz no anunciaba las doce. El tiempo se detuvo y me estremecí al pensar que no era solo una metáfora. Debían ser las doce y un minuto cuando ella volvió a hablar.

Eres tú, ¿verdad?

Dejé de respirar.

Te he reconocido por tu silencio. Te llamas José María Ferrero, tienes nueve años y vives en la calle Rafael Calvo 11 5ºA de Madrid.

No – corregí –. Soy José María Ferrero pero vivo en la calle Alfonso José 27 de Valencia. Además, tengo cuarenta y seis años.

Eso, en todo caso, será dentro de treinta y siete.

¿Qué día es hoy? – pregunté angustiado.

Para mí es Lunes 28 de junio de 1976. Para mí siempre es 28 de junio de 1976. Estoy atrapada en ese día, que es cuando se grabó mi voz. Tú me estás llamando desde el futuro.

Respiré: yo seguía en 2013. “Y yo no estoy en el futuro“, pensé, “eres tú la que me habla desde el pasado“.

Sentí lástima por esa mujer. Vivir atrapado en un ciclo eterno de 24 horas debe ser claustrofóbico.

Pero por lo que veo puedes decir algo más que la hora – le dije para relajar la tensión -. ¿También grabaste tu parte de esta conversación aquel día?

No. Te hablo desde tu pasado pero esto no se grabó. En veinticuatro horas seguidas recitando mecánicamente la hora, los minutos y los segundos da tiempo a pensar muchas cosas. Mientras grababa, imaginé esta conversación y también muchas otras. Luego, con el paso de los años, he aprendido a poner voz a mis pensamientos.

Yo también“, pensé, pero no se lo dije. De repente la sentí muy cerca. Hubo un largo silencio.

Te he echado de menos – le dije con ternura.

Yo no. No lo tomes a mal, pero en 24 horas no da tiempo a echar de menos. No olvides que para mí el tiempo está detenido – me aclaró -. Pero me alegro de escuchar tus silencios. Y ahora tu voz: esto es nuevo para mí. Nunca me habías hablado. Nunca me había hablado nadie.

Si quieres te puedo llamar de vez en cuando – le dije resuelto -. Puedo contarte cómo es la vida en 2013 y qué ha pasado todos estos años. Tú me puedes hablar de cómo era Madrid en 1976. Tengo muchos recuerdos pero me gustará que me lo cuentes.

Prueba. No te prometo nada.

Lo haré. Yo sí te lo prometo.

Hubo otro silencio.

¿Sigues ahí? – de repente temí que se hubiese ido.

– y al escucharla estuve seguro de que había sonreído -. Iba a decirte que también puedes llamar para que te despierte. Marcas 096 y después de escuchar el mensaje grabado marcas tu número de teléfono y a continuación la hora de despertar, con cuatro cifras. La que llama para despertarte soy yo. Mi voz grabada, quiero decir.

¿Y me llevarás el desayuno a la cama? – bromeé, tratando de generar complicidad.

Eso ya no me corresponde a mí – me contestó, y la noté algo molesta.

Perdona. Era una broma.

Esta vez el silencio fue tenso.

¿Entonces te puedo llamar mañana? – pregunté, temeroso de que se hubiese roto nuestra conexión mágica.

Claro. Llámame a las diez horas, diecisiete minutos, cuarenta segundos. A esa hora estuve especialmente imaginativa el 28 de junio de 1976.

Quinto silencio. Esta vez lo interrumpió ella:

Y ahora tengo que seguir trabajando. Nunca se sabe cuándo puede llamar alguien. Un beso.

Un beso. Y gracias…

Esperé cinco segundos y colgué.

Colgué con pena, pero con la certeza de que mañana seguirá ahí. Ella, el pasado, mi pasado y mis recuerdos

.

096-1

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4 thoughts on “093. Posdata…

  1. ¿Te cuento alguito (como dicen el Norte argentino) ? Cuando lei tu nota “093” me llevaste al túnel del tiempo! y acto seguido volví, me llegué hasta el teléfono y disqué el 113! Y ahi estaba yo con 25 años y todo lo que eso significa !
    En mi teléfono HOY, vive un mensaje grabado por Ezio para recibir a los que no nos encuentran en casa y para no desairarlos, evitando que se sientan solos en tal momento. Ese mensaje seguirá alli hasta que yo pueda salir del pasado y no necesite volver a escucharlo.
    Pero el cuerpo humano, tan bendito para mi, por todo lo que es capaz de hacer, se rebela y hay sonidos, olores, colores , horarios, frescas y densas brisas, que te devuelven a aquellos momentos como si el tiempo no pasara.
    ¡Bendito cuerpo humano que está dotado de tal don! Es un don que nos permite ser y estar vivos, como respirar.

    • El otro día justamente pensaba que, de todos los mensajes dejados por otras personas que tengo grabados en mi contestador telefónico (borro todos los mensajes pero me gusta guardar algunos), no tengo ninguno de mi padre. Tengo muchas fotos – y por lo tanto su cara no se me puede olvidar -, pero no tengo su voz. Valoramos tanto la imagen que a veces se nos olvida que la voz de las personas también es importante. Por suerte, tú sí tienes la de Ezio…

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