093

Desde que escribo este blog, leo otros y me gustan más que el mío. Leo a Nunca en diferido mientras la conozco en directo, y leo a (M) en directo mientras la recuerdo en diferido (porque (M) eres tú, ¿verdad, M?). Ayer disfrutaba leyendo como (M) contaba que había llamado al histórico 113, el número de teléfono argentino donde una voz repetía incansablemente la hora, los minutos y los segundos para que los que no tenían un reloj a mano supiesen la hora, y se sorprendía al comprobar que el servicio todavía existe. Inmediatamente tuve el impulso de llamar al 093, el equivalente español, pero me contuve. ¿Y si esa voz tranquila de mujer que en mi niñez decía “diecisiete horas” – pausa – “nueve minutos” – pausa – “treinta segundos” – timbre corto – “diecisiete horas” – pausa – “nueve minutos” – pausa – “cuarenta segundos” ya no estaba ahí? Sería como borrar de un plumazo parte de mi infancia. Perder un referente. Además, esa mujer me salvó una vez de ir directo al manicomio o a algún sitio peor y no querría perderla. A finales de los años 90 (cuando todavía no tenía móvil), la Universidad de Oviedo me invitaba cada año a impartir un curso de doctorado intensivo en Gijón. Un día me desperté sobresaltado en mi cama del Hotel Begoña Playa con una luz tenue entrando por mi ventana. Miré mi reloj (de agujas) y marcaba las 7 y 10. Dudé si eran de la mañana o de la tarde. Había llegado el día anterior, me había acostado a las 5 de la madrugada después de 48 horas sin dormir (no explicaré por qué) y había quedado con mis alumnos en darles la primera clase del curso a las 4 de la tarde. Si eran las 7 de la mañana, todo estaba bien y podría seguir durmiendo sin más, pero si había dormido 14 horas y ya eran las 7 de la tarde, ¿cómo les explicaba yo a unos alumnos que todavía no me conocían que “me había dormido”?

Angustiado, me vestí en 3 segundos y corrí escaleras abajo para preguntarle a la recepcionista si era por la mañana o por la tarde. A cuatro metros del mostrador me detuve en seco: estaba a punto de ser tomado por un loco. Mi aspecto además no ayudaba: estaba con los pelos en punta, legañoso, con la almohada marcada en la cara, semi-vestido, descalzo y con una mueca de terror en la cara. Volví a mi habitación y tuve una idea: llamaría al 093 desde el teléfono del hotel. Si la señorita decía “siete horas, quince minutos“, estaba salvado. Si decía “diecinueve horas, quince minutos“, ya podía salir huyendo de allí y escribir una carta a la universidad de Oviedo diciendo que me habían abducido unos extraterrestres. Siempre sería mejor excusa y más creíble. Llamé y, por fortuna, la mujer dijo “siete“…

No, me da demasiado vértigo llamar hoy al 093 por lo que pueda pasar. Si no existe, pensaré que lo han clausurado por los recortes, dejando además en el paro a la mujer que me salvó y que ya debe tener más de 60 años. Si por el contrario sigue ahí, entonces me extrañará y me dará por pensar que quizá ese teléfono te comunica con el pasado a través de un agujero en el espacio-tiempo. La misma voz que me aclaró que eran las siete y no las diecinueve me haría dudar ahora si estoy en 2013 o en 1976. Ante la duda, llamaría entonces a otro número mítico, el 097, que de niño era mi favorito. “Bienvenido al servicio de información deportiva de Radio Nacional de España“, decía la voz (en este caso de hombre) al principio de la cinta que se repetía circularmente en un ciclo sin fin. La actualizaban cada 4 horas y a mí me gustaba jugar a llamar justo cuando la cambiaban para pillarles. Te ponía al día de los resultados de la Liga de fútbol (“Logroñés dos, Burgos uno” – pausa – “Real Madrid tres, Betis cero“) y de las últimas noticias deportivas (“El ciclista Domingo Perurena ganó la cuarta etapa del Giro de Italia que se disputó ayer entre Verona y Peruggia. Francesco Moser sigue líder“). ¿Y si llamo hoy al 097 y en lugar de citar a Cristiano Ronaldo o a Casillas esa voz dice que el Sábado los tres goles del Real Madrid los metieron Netzer, Camacho y Del Bosque? Entonces confirmaría que esos números de teléfono son un túnel al pasado y no podría evitar marcar, aterrado, el 4101880 (sin prefijo 91, que entonces no existían). ¿Sonaría entonces un teléfono de disco en la calle Rafael Calvo 11, piso 5ºA, de Madrid? ¿Contestaría alguien con el obsoleto “Dígame“? Y si contestara alguien… ¿sería yo, de niño? Y si eso ocurre… ¿qué le digo? ¿Qué me digo?

No, (M), yo mejor no llamo al 093. Llamaré, como tú, al 00 54 113. Al menos la voz que escucharé no saldrá de las entrañas mi pasado.

telefono_disco

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4 thoughts on “093

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